NORA ESTRADA / LOS ÁNGELES

Sentada tranquilamente en una de las franquicias de Porto’s Bakery & Café, propiedad de la familia, Beatriz Porto viaja 45 años al pasado para recordar cómo a los 14 años salió de Cuba en busca de libertad.

Con sentimientos a flor de piel, la empresaria habló con LATINO IN en la pastelería de Downey, a unas 21 millas del Downtown de Los Ángeles.

Contó que en 1971 dejó el país que la vio nacer, con toda la familia en los Vuelos de la Libertad.

“Mis padres quisieron salirse de Cuba porque en 1960 se dieron cuenta de que Fidel (Castro) era comunista y no era lo que había prometido y no querían que mis hermanos y yo creciéramos en un país donde nunca íbamos a tener la oportunidad de tener una opinión y desarrollarnos como personas individuales.

“Decidieron sacarnos por una vía legal, pero demoramos ocho años en salir”, dijo.

“Cuando salí era un niña, pero vi el sufrimiento y el trabajo que mis padres pasaron para salir de Cuba, esperamos ocho años, y en esos ocho años fuimos el enemigo del estado o personas non gratas”.

Agregó que durante los ocho años que vivieron bajo el régimen de Castro sufrió el horror de vivir con miedo, con hambre, entre secretos, la separación de su familia, lavados de cerebro y hasta la pérdida de seres queridos.

“A mi papá se lo llevaron a un campo de labor forzada, y a mi mamá la dejaron sin trabajo porque trabajaba en una oficina que la intervino el gobierno, la botaron y el gobierno de Cuba no se preocupaba si nos moríamos de hambre o no. Lo único que decían era que éramos los gusanos.

“En ese entonces mi mamá trabajó muy duro, empezó hacer en la casa pasteles de manera ilegal, si la hubieran cogido, le metían 25 años de cárcel, pero gracias a los buenos vecinos que nos protegían eso no sucedió.

“Pero yo me acuerdo que como niña no sabía qué hacer. Tus papás te decían que no dijéramos nada”, añadió. “Todo era un secreto por el miedo a la persecución porque si la gente sabía que te ibas, venían y te insultaban, te tiraban huevos. Yo era la mayor, y todo era secreto y secreto. Fueron tiempos horribles”.

Agregó que uno de sus tíos, único hermano de su mamá, fue encarcelado y torturado hasta morir en la cárcel porque se negó a entregar un fusil que le heredó su papá cuando dejó el movimiento al darse cuenta que Fidel engañó al pueblo con una supuesta revolución.

“Como muchos cubanos, (mi tío) luchó con Fidel, estaba en la columna del Che Guevara, y se dio cuenta que el Che Guevara era un comunista, le dijo a la familia: ‘esto es comunismo’.

“Bajó de la sierra y no quiso entregar su arma, lo metieron preso y se murió en la cárcel de todas las torturas y maltratos y de tuberculosis”, expresó Porto conteniendo las lágrimas.

Dijo que en un libro que escribió el Che Guevara aparece su tío como un héroe, pero no narran la historia completa de los hechos.

La empresaria también recordó la época en la que estudiaba y les lavaban el cerebro en la escuela.

“Yo me acuerdo que en las clases de español decían: ‘Fidel es el padre de los niños cubanos, los yanquis son los enemigos’. Es lo que nos enseñaban en la escuela. Lo mismo, lo mismo todos los días para lavarnos el cerebro.

“Eso era muy difícil para los padres de nosotros que no lo podían denunciar”, comentó.

“También me tocó ir a la escuela del campo, me llevaron al campo a los 13 años, que era una manera más que el régimen de Fidel usó para dividir a las familias, y donde te seguían adoctrinando y lavando el cerebro”.

Porto dijo que aún vive de cerca la crueldad del gobierno castrista porque sus primos siguen en la Isla.

“Los únicos que saben de Cuba somos los que somos de allá y tenemos familia allá, que sabemos de las necesidades que pasan, si no fuera por el dinero que nosotros les enviamos no pueden comer porque ganan 45 dólares, más o menos, al mes, y una libra de carne en el mercado negro vale 75 dólares ¿cómo van a comer?”, expresó.

CONQUISTAN CON SABOR CUBANO

Para Porto, de los ocho años que vivió su familia oprimida en Cuba, algo bueno salió: la especialización de su mamá Rosa como repostera, la herramienta que los llevó a fundar su primer negocio cinco años después de haber llegado a Estados Unidos.

“Mis padres demoraron ocho años para salir de Cuba. Fueron años muy duros para la familia. Mi papá lejos de nosotros aguantando todo tipo de humillaciones y maltratos, y mi mamá escondiéndose en la casa haciendo los “cakes” de manera ilegal, pero eso resultó en el inicio de lo que hoy es Porto’s Bakery”, dijo la empresaria orgullosa entre la algarabía de comensales de todas las nacionalidades.

La pasión de su madre por los pasteles y el hambre de salir adelante sin ver barreras de idioma o cultura ahora tienen a la familia Porto como una de las familias latinas prósperas en el ámbito de los negocios y reconocida por su labor altruista, en Los Ángeles.

“En 1976 abrimos la primera (pastelería), ahora tenemos tres, en Glendale, Burbak y Downey, y en enero del 2017 abriremos en Buena Park, y después de eso en West Covina”, dijo.

Beatriz Porto dice que el éxito de los negocios se debe al esfuerzo familiar.

 

“Seguimos progresando, seguimos trabajando. Nos sentimos muy orgullosos de lo que hemos logrado”.

Comento que el éxito de la cadena de negocios es una labor familiar, en la que participan por igual sus hermanos Raúl y Margarita.

“Es un negocio familiar. Todos en familia construimos esto. Mi mamá, mi papá, mis hermanos, mi abuela, y gracias a Dios pudimos llegar aquí todos juntos, y lo que hemos logrado ha sido básicamente un esfuerzo familiar”, comentó.

El reto más difícil para la familia Porto, dijo, fue salir de Cuba en familia.
“Si tú vives en Cuba en un país comunista por ocho años, no hay reto que se compare a eso.

“Retos, ninguno, tuvimos todas las puertas abiertas (en Los Ángeles). Lo único que hicimos fue trabajar mucho. El éxito se logra a base de trabajo”, señaló.

El próximo año continuará la expansión de la repostería cubana en Los Ángeles.