ALICIA ALARCÓN 

COLUMNISTA INVITADA / LOS ÁNGELES

Alicia Alarcón, periodista radial, conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Ángeles, CA. Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados, de Arte Público Press y de Revancha, en Los Ángeles. Las opiniones que aparecen en esta columna pertenecen exclusivamente a su autora.

El civismo, la cortesía y las buenas maneras que muestran los representantes (en nuestros países latinos los llamamos diputados) y los senadores en Estados Unidos es muy diferente a lo que vemos en nuestros lugares de origen.

Allá, en nuestros países, cuando se reúnen los miembros de los diferentes partidos y el principal protagonista es el Presidente de la Nación, el desorden, los insultos, los escupitajos, los recordatorios maternales, los zafarranchos, los jaloneos y las amenazas son la noticia principal del día siguiente. 

Eso no ocurre aquí, en Estados Unidos. Aquí, el Presidente puede insultar y denigrar a todo un grupo de la población y la cortesía prevalece. Nadie se levanta y le dice “mentiroso” o algún otro epíteto.

La prueba la tuvimos el martes 28 de febrero. El Presidente Donald Trump, en su primer discurso ante el Congreso, volvió a la carga contra los mexicanos al presentar a los indocumentados como asesinos e indeseables.

Para ese fin presentó a hombres y mujeres cuyos familiares fueron ultimados por indocumentados. 

En nuestro país, más de uno se hubiera levantado a interpelarlo o, mínimo, le hubiera gritado: “¡no generalices!, hay indocumentados decentes, trabajadores, que también han salvado vidas, que han muerto por este país. ¡Primero infórmate antes de hablar, güey!”.  

Pero eso es impensable en este país. Se hubiera considerado una afrenta a la investidura presidencial y aquí, en Estados Unidos, ésa se respeta.

También es parte del ritual anual que al Presidente se le permita exagerar, mentir, prometer y amenazar, sin que nadie diga nada. 

Al contrario, es la oportunidad que tienen los miembros del partido al que pertenece para aplaudirle a raudales y e interrumpirlo con aclamaciones.

El Mandatario, a su vez, agradece y acepta las muestras de apoyo.

La forma en la que está estructurada esta ceremonia es que al final de su discurso, un representante del partido contrario se encarga de responder a lo dicho por el Presidente.

En esta ocasión, ese honor le correspondió al ex Gobernador de Kentucky, Steven Beshean, quien, con mucha cortesía, le reclamó que ha hecho lo contrario a lo prometido.

Sin recurrir a insultos, como “mentiroso, falso, traidor, prometiste combatir los excesos de Wall Street y has puesto en tu gabinete a sus representantes”, le recordó a Trump que prometió defender a la clase trabajadora que no tiene influencias, pero en realidad se ha convertido en el defensor de los billonarios de Wall Street.

El ex Gobernador también advirtió a los republicanos que, al eliminar Obamacare, van a dejar a millones de personas sin seguro médico. 

Esto lo dijo también sin levantar la voz y con mucha cortesía.

Debo decir también que el mismo martes, pero más temprano, Trump y sus allegados se encargaron de encender las esperanzas de millones de personas dentro y fuera de Estados Unidos con las versiones de que en su discurso incluiría la posibilidad de una reforma a la ley de inmigración para darles documentos legales a millones de personas.

Eso lo dijo a un grupo de reporteros a mediodía. Ya en su discurso eso no sucedió, sino que se limitó a decir que a lo mejor, puede ser, quién sabe o puede haber un cambio basado en el mérito.

Ésa fue la declaración más ambigua que Mandatario alguno haya hecho sobre el tema.

Una vez más les comprobó a los representantes de los medios de comunicación, y a todo el mundo, que en la era Trump prevalecerán, más que con los anteriores Presidentes, las falsas promesas y las mentiras en torno al tema de inmigración.