NORA ESTRADA
LATINO IN / LOS ÁNGELES

“¡Fuck you mexican… lárgate a tu país!”.

Esas frases hirieron el orgullo y la dignidad de los oaxaqueños Alejandro y Estela Montaño en 2002, cuando se ganaban la vida en una troca rodante y sufrían el constante acecho de la policía de Los Ángeles.

Pero en vez de darse por vencidos salieron avantes, y hoy en día son dignos empresarios en Estados Unidos, país al que llegaron dispuestos a hacer realidad sus sueños.

A lo largo de 20 años, la pareja ha construido una cadena de negocios que consta de un supermercado y dos pizzerías, y asegura que va por más.

Alejandro y Estela cuentan que llegar hasta donde ellos lo han hecho es desafiante, pero para nada imposible.

La historia de los comerciantes se remonta a su niñez en Oaxaca, donde se conocían porque las familias de ambos eran amigas.

La vida los separó por un tiempo, pero el destino es el destino y se volvieron a encontrar en Los Ángeles cuando ambos tenían 22 años de edad.

Estela cuenta que desde los seis años aprendió el negocio de “mercadear” porque a esa edad acompañaba a su mamá a ofrecer en venta artículos de casa en casa o en el Mercado Central de Oaxaca.

“Como era una niña ‘muy pilas’ me memorizaba muy rápido los precios y por eso algunas señoras que tenían puestos en el mercado me dejaban ayudarlas y me dejaban sola atendiendo sus puestos”, dice. “Iba a la escuela, pero en los tiempos de más ventas, como durante la Guelaguetza, Día de Muertos y Navidad, me olvidaba de la escuela”.

Estela narra que solamente estudió hasta el sexto grado porque tenía que ayudar a su mamá, quien tenía que sacar adelante a la familia de cinco hijos ante la falta de un padre.

“Siempre he tenido aspiraciones y mi trabajo como vendedora ambulante se convirtió en mi escuela. Así la pasé hasta que me vine a Estados Unidos en 1990 con un “coyote” que me cobró 300 dólares.

“Empecé limpiando casas y ganando 100 dólares por semana. Así estuve por tres años, pero en mi segundo año aquí me encontré con Alejandro de nuevo. Éramos amigos y terminamos enamorados, y así nació la relación que hoy mantenemos”, dice Estela.

Para ambos, la relación de pareja es lo mejor que les ha podido pasar porque se ha convertido en una asociación perfecta para lograr éxitos en los negocios.

“Primero nació nuestro primer negocio al mismo tiempo que nació nuestra hija mayor. Nos dimos cuenta que los dos teníamos talento para los negocios, aunque fueran aspiraciones chiquitas, pero así es que hemos ido de menos a más.

“Nuestro primer negocio lo planeamos entre los dos en 1995. Una ‘troca’ en la que vendíamos frutas, verduras y mandado por las calles, así estuvimos por siete años”, comenta Estela.

Alejandro llegó a Los Ángeles en 1988, con estudios hasta secundaria, y empezó a vender paletas de hielo en un carrito calle por calle porque lo consideraba su única opción.

“Me costó mucho acomodarme para encontrar trabajo, y bueno, uno tiene ganas y coraje para sobrevivir en un país que no es el suyo, cuando no tienes experiencia y sin nada de asesoría o alguien que te guiara, le entras a todo, menos a robar o pedir limosna.

“Pero si se quiere, uno logra salir adelante como lo hemos hecho nosotros, y lo digo con orgullo”, añade Alejandro.

“Luego de esa época de vendedor de paletas unos amigos me ayudaron para empezar a trabajar en un restaurante italiano como lavaplatos, y ahí llegué a convertirme en cocinero”.

Dice que es cierto el refrán de que la mejor universidad es la vida porque le ha enseñado  a levantarse cada vez que comete un error en los negocios que los lleva a perder muchos dólares.

“El que se deja vencer ¡está frito! Soy de los que piensa que si una puerta se cierra, muchas más se abren, la cuestión es tener iniciativa para ir a tocar esas puertas”, afirma el oaxaqueño, quien trabajó en varios restaurantes italianos.

Cuenta que juntó dinero para acondicionar la tiendita rodante recolectando y vendiendo material de reciclaje todas las noches después de que salía del trabajo.

“Del restaurante a la casa eran tres millas, y al salir me dedicaba a levantar botes de plástico y de metal, llenaba la ‘troca’ que compré en ese entonces para convertirla en tienda rodante, me costó 3 mil dólares, y yo sólo tenía 700 dólares.

“El resto lo conseguí prestado, pero faltaba acondicionarla, y con ese negocio del reciclaje logré hacerlo”, comenta. “Durante siete años nos ganamos la vida con el market rodante”.

LLEGA ‘EL CHANGARRO’

Cuando se le pregunta a Alejandro cómo consiguió crear El Changarro Oaxaqueño Market su rostro cambia y refleja sentimientos encontrados: primero se emociona y luego se pone serio.

“Cuando andábamos en la ‘troca’ un policía ya nos traía de encargo, nos llegó a dar hasta ocho tickets en un día con diferentes direcciones, y puede que hayamos infringido en dos ocasiones, pero no en ocho porque nunca estuvimos en las direcciones que él puso en las infracciones.

“Nos daba tickets todos los días, pero un día arremetió, no se conformó con darnos el ticket”, expresa.

“Recuerdo que me gritó con odio y me dijo: ‘¡Fuck you mexican… lárgate a tu país!’, entre otros insultos”.

Dice que primero le dio mucho coraje, pero momentos después le dio la valentía para decidir hacer realidad su sueño americano.

“Esas palabras detonaron en mí de tal manera que me prometí dejar la ‘troca’ para establecerme”, comenta.

“Puedo decir que gracias a ese policía racista ahora estoy donde estoy, y voy por más”.

Además, para Alejandro esas palabras llegaron en el justo momento en el que un amigo le ofreció el traspaso de El Changarro Oaxaqueño Market.

“Ni Estela ni yo queríamos el market porque sabíamos que casi no venía gente, y bueno, le faltaba mucho, no era lo que es hoy, para nada. Me estuve negando varias veces, pero un día, el amigo le dijo a la empleada: ‘De ahora en adelante, él es el dueño’.

“Y bueno, pues ya nos quedamos con el negocio que hemos estado trabajando desde el 2002”, agrega.

El Changarro Oaxaqueño fue el primer negocio formal de los Montaño.

Estela dijo que fue mucho trabajo levantar el negocio.

“Amanecíamos aquí y le seguíamos hasta medianoche, en ocasiones nos quedábamos a dormir aquí, pero ahora sí, como dicen: ‘El que tenga tienda, que la atienda’”, comenta sonriente.

A cinco años de convertirse en los propietarios del súper market, los Montaño experimentaron con una taquería durante otros cinco.

“La dejamos por bajas ventas, y luego pusimos, paralelamente a la tienda, otro restaurante establecido, y volvió a fallar el negocio de comida mexicana.

“Pero nosotros vemos esos problemas como aprendizaje”, añadió Estela. “Uno aprende de las caídas. Pero en vez de lamentarnos, vamos por otros negocios con los que ya estamos más familiarizados, y si no, buscamos asesoría, estoy segura que nos va a ir mejor”.

Cuando cerraron el restaurante luego de operarlo e insistir por dos años, Alejandro dice que quería otro negocio, sin tener claro de qué giro.

“Y le dí en el blanco un día que fui a comer pizza. Mientras esperaba mi orden, veía a los clientes que entraban uno tras otro, era mucha clientela, y de repente me dije: ‘Éste es buen negocio, ¡yo sé hacer pizzas y mucha comida italiana! ¿Por qué no un negocio de venta de pizza?”.

Así fue como surgieron las dos pizzerías Tu PanYou Pizza, ubicadas en Los Ángeles.

Ya son dueños de dos pizzerías Tu Pan You.

Actualmente los Montaño tienen otros proyectos: crecer la empresa con negocios de nuevos giros para ayudar un poco a la comunidad creando más fuentes de trabajo.

El proyecto más ambicioso es elaborar el chocolate orgánico ChocoOax, estilo Oaxaca, comercializarlo e instalar chocolaterías alrededor de Los Ángeles, San Francisco, Chicago, Nueva York y Dallas.

Pero la principal misión de Alejandro y Estela es construir una familia exitosa y convertir en profesionales a sus hijos.

“Mi hija mayor va a la universidad en la carrera de negocios, y mi hijo de 15 años va a terminar la HS”, dice Estela.

“La niña de 9 años aspira a Harvard, y el más pequeño aún no piensa en universidades, pero le vamos a inculcar lo mismo que a los mayores: convertirse en profesionistas”.

INSULTOS DE TRUMP SON UN RETO

Alejandro propone que los inmigrantes tomen los insultos y amenazas del presidente electo, Donald Trump, como retos para superarse.

“En mi caso, tengo planes de expandir mis negocios, instalar una tortilleria y restaurante en la tienda. No puedo quedarme con brazos cruzados”.

“Las palabras de este señor deben de provocar que saquemos la casta de mexicanos trabajadores y honestos, que podemos hacer y aportar cosas positivas. En mi caso aporto al pais y doy trabajo a muchas personas”, afirma.