NORA ESTRADA
LATINO IN / LOS ÁNGELES

Jenni Rivera inició vendiendo dulces y chicles en un swapmeet (pulga) con el sueño de convertirse en una gran empresaria, pero “sin querer queriendo” se convirtió en una superestrella de la música latina.

Durante una rueda de prensa, realizada en Los Ángeles meses antes de morir el 9 de diciembre del 2012 en un accidente aéreo en la Sierra de Iturbide, Nuevo León, La Diva de la Banda contó cómo fueron sus inicios en la música y los negocios.

Meses antes de morir, Jenni Rivera se presentó ante los medios en Los Ángeles.

“Jamás, jamás. Yo nunca quise ser cantante”, contestó cuando se le preguntó si llegó a soñar en llenar uno de los escenarios más cotizados en 2012, como lo es el Staples Center angelino.

“Mi papá quería que yo fuera cantante por el sueño que él tenía. Yo creo que estoy viviendo el sueño de mi padre. Y yo creo que de alguna manera él disfruta todo esto. Si no lo puede vivir él, quiere que lo viva yo”, afirmó en esa ocasión la artista.

Este viernes se cumplen 4 años de su muerte. El accidente ocurrió cuando tenía 43 años y su fama crecía cada vez más.

A pesar de su partida, la cantante sigue inspirando a miles de mujeres, sobre todo madres solteras como ella.

Se estiman en más de 20 millones sus discos vendidos en vida y tras su muerte.

Dijo en esa presentación ante los medios que desde que ella tenía uso de razón su padre Pedro Rivera la quería convertir en cantante, pero su madre, Doña Rosa, interfería para que estudiara para maestra, enfermera o abogada.

Familiares, famosos y fans la lloraron por igual.

“Me gustó mucho el negocio, por eso decidí meterme a Administración de Empresas, después a Bienes y Raíces. Empecé a vender casas. De casualidad grabé un par de discos para mi papá en su cumpleaños, y cada año me pidieron lo mismo y esto se convirtió en que en 1999 la Qué Buena de Los Ángeles empezó a tocar mis discos”, añadió.

Señaló que precisamente porque el dedicarse a la música nunca fue su deseo es por lo que al final de sus días lo llegó a disfrutar tanto.

“Me tocó la bendición de que no lo buscaba (la fama), pensé quedarme en esto un par de años, y ya llevo 13 años full time en esto y no he podido salir.

“Y ahora lo estoy viviendo al máximo. Estoy contenta y feliz de que aquella niña que cantaba la música de Marisela en el swapmeet, de Lupita D’Alessio, incluso la de Miguel Bosé, yo llegué a vender (sus discos), y  ahora volteo a ver a este señor (en La Voz México) en la silla y digo: ‘wooow…’”.

Recapitulando su historia, la cantante contó que le gustaba lo que había vivido en el mundo musical porque de ahí se desprendieron sus facetas como productora de televisión, actriz y filántropa, e hizo realidad su sueño de convertirse en empresaria lanzando una línea de ropa, cosméticos, una fragancia y un tequila.

El avión que la llevaría a la muerte.

También pudo apoyar, a través de una fundación, a las mujeres víctimas de violencia doméstica.

Además, Jenni fue la estrella en el 2011 de su propio programa de televisión, el reality show “I Love Jenni”. 

Antes de morir, filmó su primera película, “Filly Brown”, y había grabado un programa piloto para una serie televisiva con la cadena ABC.

El maquillador Jacob Llenares, Jenni Rivera y Arturo Rivera, manager y publicista de la cantante. Los tres murieron en el avionazo.

En repetidas ocasiones, Rivera mencionó que quería convertirse en la Oprah Winfrey latina.

“Qué bonita manera de vivir mi carrera artística. Empezamos a vender dulces que traíamos de Tijuana, dulces Motita, dulces Ricos Besos, paletitas Coronado. Así empezó todo esto. Luego medicinas. Luego mis papás juntaron dinero y empezaron en invertir en cassettes, de ahí discos compactos, hasta que mi papá juntó dinero para abrir la disquera.

“Y así fue como nace Cintas Acuario. Y cuando mi papá ya no hallaba a quién grabar, que mete a Lupillo (su hermano) al estudio, y ésa es la historia”, expresó.

“Así sucedió con nosotros, somos artistas sin querer queriendo, y grandes empresarios porque empezamos vendiendo dulces, medicinas, chicles, discos, casas, lo bueno es que ya no le seguí vendiendo nada…”, dijo entre risas porque también le gustaba alburear y bromear ante los medios de comunicación.

Al final, su espíritu como mujer de negocios la empujó a vender sus propias fechas de sus conciertos en México y Estados Unidos.

Tras su muerte, se filtró que La Diva de la Banda dejó una fortuna de 25 millones de dólares, la cual se incrementó por las ventas de discos que dejó grabados y un libro.

Los fans sufrieron por Jenni.