NORA ESTRADA

LATINO IN / LOS ÁNGELES

El mexicano Juan José Morfin llegó a Estados Unidos a los 10 años de edad sedado para que no pudiera hablar o exponerse ante los agentes migratorios.

El guatemalteco Bryan Peña experimentó a los seis años de edad una dramática travesía desde su país hasta cruzar el Río Grande (Río Bravo), y luego una agotadora caminata de varios días entre el monte.

En ese entonces, ninguno de los dos tenía conciencia de que, por su condición migratoria ilegal en un país ajeno en el que además no hablaban inglés, enfrentarían una vida bajo las sombras.

Y así fue como literalmente vivieron en Los Ángeles por años, en las sombras, hasta que hace cinco años el ahora ex Presidente Barack Obama aprobó la Acción Ejecutiva para los Llegados en la Infancia (DACA).

El DACA beneficia a todos los jóvenes que llegaron a Estados Unidos antes de cumplir 16 años y que han residido continuamente en los Estados Unidos desde, por lo menos, el 1 de enero del 2010, sin importar la edad que tengan actualmente.

Los que se acogieron al programa, que son conocidos como soñadores o “dreamers”, están amparados temporalmente contra deportaciones y tienen permiso para trabajar.

Juan José y Bryan se acogieron a esa enmienda y aseguran que la vida les cambió para bien, ya que de pronto aspiraron a tener mejor educación, mejor trabajo y mejor sueldo, así como a manejar y viajar.

Pero ese sueño americano empezó a tornarse en pesadilla desde que el Presidente Donald Trump, en su campaña electoral, amenazó con abolir el DACA, con lo que afectaría a unos 750 mil soñadores.

Actualmente la acción ejecutiva está en suspenso. Lo último que dijo Trump al respecto es que eliminaría el programa, pero que trabajaría en algo para apoyar a los “dreamers”.

Juan José y Bryan temían lo peor: no poder renovar el DACA que justo se les vencía a finales del año pasado.

Pero el abogado Eric Prince aconsejó a los jóvenes renovar y, al igual que a decenas de “dreamers”, les ofreció ayuda legal gratuita.

Sin embargo, los jóvenes tienen sentimientos encontrados: por un lado sienten miedo de que les revoquen el DACA por orden presidencial, y por otro lado, albergan la esperanza de que Trump tenga una mejor oferta para resolver el status migratorio de los soñadores de manera permanente.

A Bryan se le entrecorta la voz cuando explica que, gracias al abogado Price, pudo continuar sus estudios en el College para estudiar enfermería.

“Mi permiso de DACA tardó menos de dos meses, y fue completamente gratis. El abogado me dio una oportunidad de seguir estudiando y viviendo en Estados Unidos, y se siente…. no lo puedo describir porque son muchas las emociones”, expresa.

El joven de 18 años comenta que, por lo menos en dos años, que es lo que dura su permiso de DACA, no tiene que preocuparse por la violencia que, dice, se sigue viviendo en Guatemala, su país de origen.

“DACA es una oportunidad para tener mejor educación, una vida más segura, no tengo que preocuparme de la violencia que hay en Guatemala, mi mamá me cuenta historias, cuando yo iba a las escuela teníamos que estar escondiéndonos de las gangas (pandillas) y balaceras.

“Lo que recuerdo de Guatemala fue que una vez me tuve que esconder debajo de la mesa. Había una ventana por donde veía todos los balazos que pasaban”, contó. “Y también recuerdo que me tuve que esconder en una casa ajena porque comenzaron los balazos”.

Afirma que en Estados Unidos tiene una vida completamente diferente y mejores oportunidades.

“Cuando llegué a este país tenía seis años, entonces no recuerdo nada de Guatemala, básicamente todas mis memorias son de aquí. Tuvimos que cruzar (la frontera) a pie. Primero llegamos a México en un avión con visas falsas, después apretados en un carro para llegar cerca de la frontera y de ahí cruzamos el río, y luego caminar.

“No recuerdo cuál (ciudad) de la frontera, pero fue por Texas. A mí se me hizo eterno, no terminaba y siempre estábamos con hambre y cansados, fueron días. Había personas que eran bien buenas y me cargaban, pero también se cansaban, y yo tenía que caminar. 

“Yo pasé con mi mamá”, dice. “Y ahora me gustaría ayudar a las personas como enfermero”.

ENTRE TRUMP Y LA HOMOFOBIA

Juan José, quien se declara abiertamente gay, expresa que cuando supo de la política migratoria de Trump tenía mucho miedo de que su situación como inmigrante cambiara y tuviera que volver a México, donde teme enormemente a la homofobia.

“Honestamente al principio tenía mucho, mucho pavor. Pensé que en cuanto (Trump) asumiera a la presidencia de inmediato iba a quitar el programa DACA, que iba a deportarnos, como había dicho. Pero veo que es mucha política, ya no tengo miedo, estoy positivo.

“Si se elimina DACA siento que todo se me vendría abajo y que mi sueño de terminar mi carrera también. Honestamente no regresaría a México. Me da mucho miedo por mi orientación sexual, por la homofobia que hay en México, bueno, no solamente en México, sino en todo el mundo”, señala. 

“Pero en mi caso, mi familia no acepta la homosexualidad y si regresara a México, siento que sería una miseria, una desgracia”.

Dice que aunque sus padres conocen su identidad sexual, no es así en el caso de su familia en México.

“Yo me acepto como soy, no me da pena, así nací, homosexual, pero mi familia en México no acepta a los gays. Mis papás saben, costó trabajo que se acostumbraran, pero mis familiares en México, mis abuelos, tíos, primos, no entienden lo que es ser homosexual”, agrega.

“A mí honestamente es lo que me preocupa más, no sé qué pasaría con mi vida”.

Por el momento, el joven originario de Michoacán está contento porque acaba de renovar su permiso de trabajo por segunda ocasión y por otros dos años.

“Ya es la tercera vez que lo solicito, la segunda que lo renuevo. En marzo del 2013 me llegó la primera vez. El abogado Eric Price me ayudó y el permiso me llegó exactamente una semana después de haber ido a dejar las huellas”.

Juan José recuerda que él y su hermanito pasaron la línea fronteriza con una señora que les dio algo para dormir para evitar que fueran cuestionados por los oficiales de Migración.

“Cuando desperté estaba en Los Ángeles, mis papás ya estaban aquí. Al llegar aquí fue un mundo completamente diferente. Hubo un tiempo que sufrí mucho en este país, principalmente por no saber inglés y por mi estatus migratorio.

“Pero conforme fue pasando el tiempo me adapté a la vida de este país y ahora ya me siento como si fuera ciudadano en este país”, añade.

Actualmente, el joven de 21 años estudia para terapista y trabaja en una firma financiera de automóviles.

“Gracias al permiso de trabajo mi vida cambió completamente”, exclamó. “Obtuve una licencia de manejar, un trabajo mucho mejor, y pude viajar, claro, dentro de Estados Unidos, pero por lo menos tengo una ID, una licencia de California para identificarme”.

Dice que cuando vivía bajo las sombras estaba en constante depresión por miedo a salir de su casa y pensando que en cualquier momento lo podían deportar.

“Era una pesadilla. Me daba miedo salir a aplicar a los trabajos, obviamente no estaba legalmente, nunca pude obtener un trabajo porque me daba miedo. Salía a la calle pensando que me iba a encontrar a Migración, que me podrían preguntar por mi status migratorio, pero hasta ahorita nada de eso pasó”, afirma.

Comenta que dejó de estudiar por falta de recursos económicos y eso lo llevo a la depresión.

“Llegó el punto que mi mamá ya no podía pagarme las clases, y me la pasaba en casa hasta que entré en depresión y estrés, y me fui fuera de Los Ángeles, a Fresno, trabajé en el campo, en un centro de reciclajes.

“Ahora tengo mejor trabajo, mejor salario, ya no dependo de mis papás. Mi sueño es terminar mi carrera, tener un buen trabajo para llevarme conmigo a mis papás y convertirme en ciudadano.

ABOGADO SOLIDARIO

Desde que Trump fue declarado Presidente electo, Price se solidarizó con decenas de “dreamers” y les ofreció ayuda legal gratuita para renovar el DACA.

“Quiero contribuir a la causa de estos jóvenes, ayudarles sin cobrarles. Siento que es una labor social como abogado, mi contribución porque son jóvenes, y muchos de escasos recursos”, afirma el abogado que tiene sus oficinas en Los Ángeles.

Price dice que el DACA es una acción ejecutiva, no una ley.

“Y por lo tanto existe la posibilidad de que Trump pueda echarla abajo”, enfatiza.

Las recomendaciones que da a las personas que están amparadas por esta acción ejecutiva es mantener la calma y permanecer unidas.

Para los inmigrantes indocumentados en general, el abogado expresa que antes de contratar los servicios de un abogado verifiquen que cuenten con acreditación adecuada porque existen muchos falsos abogados o notarios que pueden aprovecharse de la desesperación de la gente.