ALICIA ALARCÓN

COLUMNISTA INVITADA / LOS ÁNGELES

Alicia Alarcón, periodista de radio, conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM, en Los Ángeles, CA. Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados, Arte Público Press y Revancha. Las opiniones que aparecen en esta columna pertenecen exclusivamente a su autora.

Hace 30 años, en Los Ángeles, un trabajo en una fábrica de costura proporcionaba la suficiente estabilidad para sacar adelante a una familia.

Con carencias y limitaciones, pero se salía adelante, y no es el caso de hoy en día.

American Apparel fue la última en cerrar sus puertas y dejar sin trabajo a cientos de personas que durante décadas trabajaron en esa fábrica de confección y hechura de ropa de moda. 

La razón es la siguiente: la gente ya no gasta en ropa como lo hacía hace 10 o 20 años.

Ahora el consumidor tiene muchas más opciones, como comprar en línea, comprar en grandes almacenes de mayoreo que abren al público o, la opción más popular, irse de compras al área conocida como los callejones, en el centro de Los Ángeles, donde se puede conseguir ropa de diseñador a precios irrisorios.

Otro indicio de que los hábitos de consumo han cambiado se aprecia en los centros comerciales (malls), donde las tiendas de ropa de moda se ven desiertas, a pesar de los grandes descuentos que aparecen en las ventanas. 

Otro dato contundente que indica que el trabajo en las fábricas de costura será cada vez más escaso es la noticia de que Sears Holding, la poderosísima empresa dueña de la cadena de tiendas Sears y K-Mart, anunció la semana pasada a sus accionistas que no les puede prometer que seguirá en el mercado.

Esto significa que Sears, el gigante que vistió por décadas a toda la familia a través de sus ventas por catálogos y que poco a poco aumentó su inventario hasta convertirse en el mayor proveedor de artículos para el hogar, puede desaparecer y dejar a miles sin empleo.

Sears no ha podido revertir sus pérdidas, que ya ascienden a 10.4 billones de dólares. Sólo el año pasado reportó pérdidas de 2.2 billones de dólares. 

 Otro grupo que también resultará muy afectado con esta nueva realidad económica es el de los empleados de tiendas de ropa al menudeo.

La probabilidad de que pierdan su trabajo es muy alta. Del 2005 a la fecha, el 55 por ciento de las tiendas de ropa se han declarado en bancarrota.

A pesar de este panorama sombrío, no hay que olvidar que Estados Unidos sigue siendo el país de las oportunidades y, al reconocer las nuevas tendencias, permite a los afectados prepararse con tiempo en otro oficio.

Y entre más pronto lo hagan, y aprovechen todos los cursos de capacitación que ofrecen las escuelas para adultos y los colegios comunitarios, mejor.

Su futuro y el de su familia dependen de que aprendan un oficio que les resulte más redituable y les dé una mayor estabilidad laboral.