ALICIA ALARCÓN 

COLUMNISTA INVITADA / LOS ÁNGELES



Alicia Alarcón, periodista de radio, conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM, en Los Ángeles, CA. Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados, Arte Público Press y Revancha. Las opiniones que aparecen en esta columna pertenecen exclusivamente a su
autora.

“El maíz no es bueno para la salud”, “en México, los indios morían a los 30 años por la dieta que llevaban basada en el maíz” y “deben bajar su consumo de tortillas de maíz”…

Éstas y otras afirmaciones, como las de no consumir nunca, bajo ninguna circunstancia, margarina, “dejen la margarina que se derrita y se van a dar cuenta de que es puro plástico”, eran expresiones diarias que el doctor Manfred Molina hizo, durante más de un año, en mi programa de radio que en esa época se transmitía por la 1020 AM en horario nocturno.

Convencido de que el maíz era el enemigo a vencer, el doctor Molina llegaba al estudio armado de estadísticas y, sin esperar preguntas, se dirigía a la población mexicana y les advertía que, de no cambiar sus hábitos alimenticios, su salud se vería amenazada por la diabetes y la obesidad.

“Los centroamericanos consumimos arroz y eso no es tan dañino como la tortilla”, afirmaba.

El también médico internista estaba convencido que era sólo cuestión de tiempo para que su mensaje fuera asimilado por todos los que lo escuchaban: “poco a poco vas a ver que van a dejar la tortilla”.

Otra de las razones por las que hizo esa cruzada contra el maíz en parte de su práctica era porque afirmaba que sus pacientes se curaban cuando dejaban el maíz, para luego recaer cuando regresaban a su consumo habitual de tortillas.

“No entiendo, si saben que les hace daño porque comen tanta tortilla”, se decía a sí mismo.

Al año de su campaña, el doctor Molina me compartió su alarma al ver que, en lugar de disminuir, los casos de obesidad y diabetes entre sus pacientes, incluidos los centroamericanos, iban en aumento.

Poco a poco su mensaje cambió: “ya me conformo con que en lugar de cinco se coman cuatro tortillas en cada sentada”.

El doctor Molina continuó fiel a su mensaje, pero al final me confesó que había perdido su lucha contra el maíz.

El doctor Molina siguió con su práctica médica en la ciudad de Maywood, pero un día su corazón se negó a latir y murió de manera repentina.

A más de un año de su muerte, su deseo, su lucha de convencer a los mexicanos de que consumieran menos maíz está a punto de convertirse en realidad.

Esto no se debe a ninguna campaña masiva de publicidad, sino a un boicot contra la importación en países latinos del maíz proveniente de Estados Unidos, como respuesta a las amenazas que ha hecho el Presidente Donald Trump sobre desmantelar el Tratado de Libre Comercio que existe entre México y Estados Unidos desde 1994.

El Senado de México dio a conocer, hace unos días, que planea reemplazar a Estados Unidos como principal proveedor de maíz a México con otros países como Argentina y Brasil.

La pregunta que se hacen los mexicanos y los expertos en economía agrícola es que ¿cómo fue que México, de ser exportador de maíz en la década de los 80, ahora es el principal importador de maíz de Estados Unidos?

En el 2016, México gastó 2.5 billones de dólares en la compra de maíz de Iowa, Nebraska y Wisconsin.

Si México deja de comprar maíz a estos estados que votaron por Trump de manera abrumadora, el efecto económico se sentirá de inmediato.

Los mexicanos tienen ahora, en el maíz, un arma muy poderosa con la que pueden recuperar la dignidad para su nación tan vituperada y atacada por el Mandatario estadounidense.

La consigna para los mexicanos debe ser “No al consumo de maíz”, por lo menos mientras recuperan sus campos y vuelven a convertirse en lo que una vez fueron: prósperos agricultores de lo que para ellos es, además de un alimento, un símbolo nacional.