NORA ESTRADA

LATINO IN / LOS ÁNGELES 

Sentado en la mesa más cercana a la entrada de su establecimiento, la voz de Francisco Mendoza, vivaz y a veces entrecortada, sobresale entre el típico bullicio de un restaurante lleno.

Propietario de la cadena de restaurantes El Sushi Loco, en Los Ángeles, cuenta cómo dejó atrás su pasado en la cárcel y explica cuáles son las claves de su presente exitoso en los negocios, pero sobre todo enfatiza la labor social que ahora realiza.

Éste es uno de los restaurantes El Sushi Loco, en Los Ángeles.

Pancho, como la mayoría de sus familiares y amigos le llaman, parece hacer un “flashback” y de repente suelta:

“Estuve nueve años en la cárcel porque andaba al estilo Sinaloa, de que sí las puedo. Y caí en la cárcel federal en el 2000. Andaba vendiendo drogas, andaba de malandro, y afortunadamente todo tiene su fin”, dice abiertamente.

“Tenía 24 años de edad, era ignorante, lo reconozco, por eso ahora busco hacer el bien y buscar qué es lo que puedo hacer por mi comunidad. Le falté a mi comunidad, y ahora quiero rectificar mis actos”.

Este empresario, ahora de 41 años, considera que Dios le dio una segunda oportunidad para que otros aprendan de su negro pasado.

No reniega de la cárcel, al contrario, asegura que la experiencia forjó al hombre que es actualmente.

Tras las rejas encontró a Dios y adquirió los valores que ahora promulga, los cuales lo impulsaron a construir el porvenir de su familia y el de los empleados que dependen de sus negocios.

TE RECOMENDAMOS: ANTE INSULTOS RACISTAS, ¡SE HACEN EMPRESARIOS!

Ya no va por la vida violando las reglas. Ahora ya no quiere ni un ticket de la policía, afirma.
Y lo mejor, lo que lo convierte en un empresario social, es que, a manera de retribución, ayuda a la comunidad a la que dañó con sus actos rescatando a jóvenes de las drogas

También emplea y capacita a personas que, como él, cometieron errores que los llevaron a prisión.  

Enfrascado en la conversación, Pancho, quien nació en el este de Los Ángeles, de madre jalisciense y padre sinaloense, suelta una risotada y repite “¿empresario?”.

Como que no se la cree, pero con dos restaurantes, 75 empleados, y dos establecimientos más por abrir en los próximos meses, ya se ganó el título.

EMPRESARIO INESPERADO

Con buen humor, dice que es empresario por accidente.

“Todo comenzó en el 2010 con mi sobrino José Calderón. Empezamos a vender en la calle”, dice de los inicios de lo que ahora es El Sushi Loco, una fusión de sushi con mariscos estilo Culiacán.

“En el 2010 llegó (de Sinaloa) mi sobrino, le ofrecí mi casa. Le pregunté que qué sabía hacer y me dijo: ‘sushiero’. Yo le pregunté: ‘¿qué es sushiero?’. Y me dijo que cocinero de sushi. Y se ofreció a preparar la comida cuando me casé. Estaba bien sabrosa”, recuerda.

Ahí fue cuando vislumbró el negocio y arrancó con mil 200 dólares.

“Yo quería una lonchera, pero estaban bien caras, entonces busqué en Craigslist, le puse Tijuana, y salió una carreta, era como la de hot dogs.

“Me la traje de Tijuana, le puse nombre, le puse menú, le puse que era sushi. Así fue como empezamos en el 2011”, expresa.

Dice que le confió a su sobrino la administración del negocio que sólo abría algunos días a la semana porque él tenía un trabajo de planta de instalación de aire acondicionado.

TE RECOMENDAMOS: CRUZA DESIERTO DOS VECES Y HALLA ÉXITO Y AMOR

“Le dije a mi sobrino: ‘si te gastas el dinero, se acabó el sueño americano’. Pero fue un buen empresario, cuidó el dinero.

“Yo llegaba (al negocio) los viernes y domingos cuando no había inspector, me ponía en mi casa. Antes me ponía en la calle, pero me agarró la Policía. Me ponía en medio de dos taqueros, y éstos hablaban al Sheriff, y vámonos. Me daban dos horas para que me quitara.

“Pero cuando me ponía en la calle las personas venían a pedirme tacos, yo les explicaba lo del sushi y se quedaban asombrados, lo probaban y les gustaba”, narra.

De ahí se movió junto a una empresa llantera, pero debido a la alta afluencia de clientes el dueño del lugar le pidió que se retirara porque los vecinos se estaban molestando.

Después de eso Pancho pensó en “tirar la toalla”, pero a petición popular reabrió la carreta.

“Me fui para mi casa. Y ahí en mi casa dije: ‘si tengo mi trabajo para qué’”, agrega. “Pero todos (la clientela) me siguieron y me pidieron que los hiciera otra vez, y lo hice otra vez. Y se hizo un buen ambiente, por ocho meses”.

CLIENTES FAMOSOS

Tal fue la popularidad de la carreta y los sushis que pronto algunos famosos empezaron a llegar a comer.

“Un día me habló el representante de Gerardo Ortiz, dijo que quería venir a comer, y le dije que no me ponía los jueves, él me dijo que me pusiera y me fue muy bien. La verdad es que se llenó de gente porque su gente anunció en Facebook que iba a ir.

“También llegaron algunos integrantes de El Recodo, Noel Torres, y otros. Entonces mucha gente empezó a conocer la mentada carretita. Y así fue como inicié”, dice orgulloso.

DE CARRETITA A RESTAURANTE

Para lograr establecer su primer restaurante, Francisco contó que refinanció su casa.

“Después de nueve meses de vender en mi casa los viernes y domingos en el 2011 vi un local, y dije: ‘yo lo puedo hacer’. Así que refinancié mi casa, saqué del banco lo que tenía, me fui a la quiebra”.

El nombre de El Sushi Loco, dijo, surgió inspirado en el precursor de la cadena El Pollo Loco, originario de Sinaloa.

“Un día manejando vi El Pollo Loco, El Pollo Loco es de Guasave, y dije: ‘pues El Sushi Loco’.

“Y ya tenemos cinco años en La Puente, con cuatro empleados al inicio, mi esposa y yo y los otros dos viviendo en mi garaje.

“Crecimos hasta 50 empleados, y gracias a Dios me da orgullo decirlo que crecimos en cinco años a 75 empleados en dos restaurantes”, agrega.

Y entre los planes, añade, es abrir en los próximos meses dos establecimientos más.

“Estamos por iniciar un concepto nuevo en el mall, que se llama El Sushi Loco Express, ya tenemos esa propuesta en julio.

“Y después estaremos abriendo el tercer restaurante en Pomona, CA, que gracias a Dios la demanda ahí está, mucha gente se está dando cuenta de lo que estamos haciendo.

“No solamente estamos vendiendo deliciosa comida, buen servicio, porque esto ha sido un fenómeno, muchos ponen banda (música en el restaurante) yo no pongo banda, me gusta la musiquita controlada, soy sinaloense, soy del este de Los Ángeles y jalisciense, ¡la que me parió es de Jalisco!, traigo una mezcla chida”, dice entre risas.

SUS CLAVES DEL ÉXITO

Tratar a los empleados con respeto y dignidad es una de las claves del éxito, dice Francisco.

“Cuido mucho a la gente, a nuestros empleados, que a ellos les debo el éxito del negocio. Si no cuidas a tus empleados, no funciona. Ahí está el éxito de un restaurante. Si soy empresario hoy en día, es porque la gente que trabaja aquí, me ha hecho así.

“Si uno va a tener éxito yo creo que tiene que tener primeramente fe, sin Dios no haces nada. Creo que es el que me da la oportunidad de estar aquí y ser un buen empresario”, afirma.

“Un día me voy a morir y no me voy a llevar ni un Sushi Loco, ni un plato, ni un sushi, ni un marisquito, ni nada.

“Dios me ha permitido ser un buen empresario con valores, honestidad, integridad, dignidad, el cuidado de los demás, el respeto ajeno es la paz”.

A Francisco se le quiebra la voz cuando habla de sus seres queridos.

“También cuidamos a las personas. Hoy en Día soy lo que soy por Dios, por mi matrimonio, dicen que detrás de un buen hombre hay una buena mujer, y ahí… soy bien chillón…”, expresa con la voz entrecortada.

Francisco recuerda a su primo José Calderón, el sushiero de Sinaloa, con quien inició el negocio.

“Mi primo aquí está todavía, ha sido la base fuerte también. Me acuerdo que cuando comenzamos le dije: ‘voy a sacar todo mi dinero que tengo en el banquito, mis ahorritos que tenía, voy a refinanciar mi casa y es todo lo que tengo’”.

CASI UNA DÉCADA EN LA CÁRCEL

Francisco dijo que nueve años en la cárcel fueron suficientes para reformarse.

“Hasta conocí a mi esposa en la cárcel, en una foto. Ella me mandó una carta. Me acuerdo cuando vi una foto de ella, me la presentó un primo y dije: ‘wooow, qué bonita está”. Me quedé con la foto. Era menor que yo, yo soy mayor. Y se me hizo una foto muy bonita.

“Vino a verme a la cárcel cuando agarró su pasaporte. Su familia se enojó con ella y justamente… ¡cómo que ir a ver a un reo a la cárcel!

“Puso sus ojos en mí… más bien, fue una buena amiga, me apoyó bastante, y salí en el 2009”.

De esa amistad surgió el amor y actualmente tienen dos hijos.

– ¿Y qué aprendiste en la cárcel?

“Me hice plomero. Dije: ‘ya estoy jodido, ya la regué, no hay tiempo de echarme para atrás, ya ni llorar es bueno’. Me enfoqué en el Señor, en Dios, me enfoqué en estudiar y en hacer ejercicio.

“No miraba novelas, hay unos a los que les dicen narco noveleros, casi se matan por las telenovelas adentro.

“Me dedicaba a estudiar, a mejorar y a esperar a que saliera porque casi todo tiene su fin, y la cárcel tuvo su fin en el 2009”, expresa.

Afirma que cuando salió hizo nuevos amigos, porque quería un estilo de vida diferente.

“Crecí pensando que yo podía hacer dinero de esa manera, pero afortunadamente todo tiene su fin. El Señor me reformó. Recapacité gracias a Dios, Dios me dio otra oportunidad de rehacer mi vida. Y no la he desaprovechado.

“Hay que trabajar con esos valores de honestidad, dignidad e integridad; son valores con los que vivo hoy en día.

“Y se los paso a los demás. Si quieren ser buenos empresarios, yo creo que esos valores son fundamentales.

“Cuida a tu gente, cuida tu negocio, no quieras hacerte rico, lo demás vendrá. Cuida a la gente que viene a comer, a los que entran por esa puerta, agradécele, vive con humildad, si no, el éxito viene, pero no lo disfrutas”, afirma.

SU NIÑEZ: ENTRE LOS ÁNGELES Y CULIACÁN

Francisco nació en el este de Los Ángeles, pero creció en Culiacán, Sinaloa.

“Me robó mi papá”, sorprende, “cuando tenía una tierna edad de tres años y me llevó a Culiacán.

“Amo a mi papá, de hecho vive conmigo. Somos tres hermanos, mi hermana mayor, yo soy el de en medio, y otro hermano.

“Mi mamá llegó a la casa y le dijo: ‘vamos a la Iglesia’, mi papá dijo que no, ‘voy a cuidar a los niños’.

“Cuando menos pensamos, me agarró, agarró a mi hermano en los hombros, y cuando despierto ya estaba en el aeropuerto de Culiacán. Y ahí fue mi vida temprana.

“No sé qué pasó, lo que sé es que me robaron, pero agradezco porque fui un niño feliz”.

Como a los nueve años de edad volvió a Los Ángeles, sin saber leer y escribir.

Luego fue a la escuela y se actualizó académicamente, pero al mismo tiempo andaba en malos pasos.

SU LABOR SOCIAL: DONDE HIZO EL MAL, AHORA HACE EL BIEN

Francisco dice que su esposa le pide que no ande diciendo que estuvo en la cárcel, pero él considera que su historia debe ser pública para alertar e inspirar a las nuevas generaciones.

“Yo creo que hay jóvenes que necesitan escuchar esto: ponte a estudiar, ponte a trabajar, haz lo que haces bien y recíbete en eso, porque muchos andan de trabajo en trabajo y nunca hace algo bien. 

“Enfócate en algo, hazlo lo mejor posible, disfruta lo que haces, entrégate con mejor disponibilidad y esos jóvenes van a llegar a hacer algo.

“Pero ahhh!… queremos ahorrar dinero rápido, y eso no funciona. Eso es lo que yo pensaba. Pero Dios tenía un propósito para mi vida”. 

“Esto fue un proceso para mi…”, Francisco hace una pausa para reponer la voz que se le cortó por la emoción. “Me pongo sentimental porque es algo muy personal, pero gracias a Dios lo he superado”.

El emprendedor forma parte de una iglesia en el este de Los Ángeles que ayuda a jóvenes y adultos a rehabilitarse de las drogas durante un año.

“Qué cosa tremenda ¿no? Dios me dice: ‘donde hiciste el mal vas a regresar a esa ciudad y vas a hacer el bien’.

“Soy parte de una iglesia donde ayudamos a jóvenes, son aproximadamente 20 personas que duran un año, se tienen que recibir, les damos trabajo, comida y techo donde vivir porque andaban en las drogas.

“Es una manera de hacer el bien. Eso me apasiona, y gracias a Dios aquí estoy”, añade. “Sí soy empresario, pero también soy un empresario que quiere marcar la diferencia con su comunidad, con sus trabajadores y con su familia”.

Asegura que no abre restaurantes inspirado en el dinero, sino para ayudar a las nuevas generaciones y dejar un legado de que el sueño americano se puede lograr a pesar de los errores y con recapacitación.

“Sólo pienso en seguir adelante, en motivar a la gente, me gusta enseñar, me gusta motivar y más que nada me gusta inspirar, y que sí se puede, no importa de dónde vengas, no importa si vendes comida en un balde, no importa.

“Los errores siempre se pueden remediar, pero tiene que haber algo dentro de tí que te diga que ya no quieres ese tipo de vida.

“Y en Estados Unidos sí puedes vivir el sueño americano si lo deseas, y a pesar de lo que estamos viviendo tenemos que tener una buena actitud. ¿Qué vamos a hacer? Donald Trump ya es Presidente, pero cada cuatro años se cambian los Presidentes.

Aparte de que dice ser un buen papá de Valentina, de tres años, y de Diego, de uno, y un buen esposo, Francisco sueña con apoyar con el crecimiento de la iglesia en el este de Los Angeles.

“Mis sueños es ser lo mejor que pueda hacer, ayudar a mi comunidad , ayudar a mi iglesia, ayudar a edificar mi iglesia, ayudar a esa casa de rehabilitación ya que hay jóvenes que lo necesitan, y ser un buen papá, me encanta ser papá, tengo dos niños, y mi esposa que quiere el otro.

“Y yo le digo que nomás lo diga y que oprima el botón y sale otro Panchito”, dice soltando una carcajada.

– ¿Qué sientes cuánto escuchas a Donald Trump hablar mal de los inmigrantes?

“Yo creo que Donald Trump nos ha dado una voz para unirnos y luchar, para consolidar lo que realmente es importante para nuestras familias. 

“Si la raza no se pone las pilas, pues va a haber reformas migratorias que van a afectar a todo el mundo”.