NORA ESTRADA
LATINO IN / LOS ÁNGELES

Caminando entre plantas exóticas, árboles frutales y pinos de Navidad que van a parar a residencias de ricos y famosos, centros comerciales y a los jardines de Disneyland, Ricardo Arrivillaga cuenta orgulloso cómo hizo realidad su sueño americano.

En entrevista para LATINO IN, el emprendedor mexicano hace un recuento de su vida y de cómo se convirtió en el dueño del vivero donde empezó como chofer.

Narra que hace 24 años llegó a Los Ángeles empujado por una mala jugada de la naturaleza que destruyó el plantío cafetalero de su familia en su natal Oaxaca.

Ricardo Arrivillaga llegó al vivero como chofer.

Sin más que una deuda de familia de cientos de miles de pesos a cuestas, Arrivillaga cruzó la frontera como muchos, por el desértico cerro, pero con el propósito de trabajar y ahorrar para librar a su padre de esa enorme preocupación.

“Yo estaba en Oaxaca. Tenía un trabajo. Estaba a punto de casarme, estaba muy emocionado con la vida que llevaba. Mi sueño era ser ingeniero agrónomo, pero no califiqué para la Universidad de Chapingo, y por cuestiones del destino me vine a este país.

“Pero mi papá tenía una deuda muy grande, ellos son cafeticultores, bueno, mi papá ya falleció, en ese entonces hubo tres años consecutivos malos. Para sobrevivir, mi padre tuvo que pedir préstamos, esa deuda creció y creció”.

Dijo que después de varios “berrinches”, aceptó la propuesta de un hermano de venirse a Estados Unidos para trabajar y pagar la deuda familiar, que saldaron cinco años después.

“Aquí comenzó mi vida de nuevo. Eventualmente hice una familia. Tengo mi esposa y tres hijos. Aquí es otra vida diferente. Es otro país, otra cultura, y ya lo adopté muy bien. Amo este país, aquí he encontrado muchas oportunidades”, expresa.

Éste es su adorado camión en el que inició.

Sobresalir en Los Ángeles no ha sido fácil para el ahora empresario.

Cuenta que tuvo que realizar cambios importantes en su vida, como estudiar inglés y aprender mucho sobre plantas.

Explica que tomó cursos de negocios y de superación personal para alcanzar su sueño de comprar y crecer Ricardo’s Nursery, como ahora se llama el vivero.

CONVIERTE CRISIS EN OPORTUNIDAD

Arrivillaga es el dueño del vivero de seis acres (24 mil 281 metros cuadrados) y socio de otros tres acres (12 mil 140 metros cuadrados) ubicado en North Long Beach.
Entre sus clientes se encuentran diseñadores independientes y desarrolladores de áreas comerciales del sur de California.

“Tengo clientes desde Costa Mesa, Newport Beach, Palos Verdes, Los Angeles, Beverly Hills, Malibú, y otras zonas, pero cada día mi clientela crece más y más”, detalla.

Dice que la mayoría de sus clientes no son latinos, pero está considerando ese importante mercado.

La flor que Disneyland le compra al vivero de Ricardo.

“Ahora estoy abriéndome al mercado latino, porque la mayoría de mis clientes son anglos. Quiero crecer mi negocio con los latinos porque a nosotros los latinos nos gustan mucho las plantas”, comenta.

Dijo que en Ricardos’ Nursery se especializa en plantas de poca agua considerando que en la actualidad existe una gran sequia en el sur de California ante la escasez de lluvias.

“Tenemos plantas de Australia, Nueva Zelanda, África, Europa, México, Chile, y de California y Arizona. Plantas exóticas como las de Madagascar, sin embargo, tenemos muchas plantas que son comunes como agave”, agrega. “También tenemos la Guanábana y la planta de la Moringa”.

DE CHOFER A DUEÑO

Arrivillaga dice que a los cuatro años de haber llegado a trabajar como chofer a este vivero, logró comprarlo.

“Trabajé en compañías de mensajería, y por medio de un hermano que era jardinero aquí, conseguí este trabajo como chofer. 

“Mi hermano me puso como voluntario para trabajar como chofer un día domingo. No me gustó la idea de tener que trabajar un domingo, llegar aquí a las 6:00 de la mañana de un domingo”, dice sonriendo.

“Sin embargo, al ir la primera vez a vender plantas al Farmer Market de Beverly Hills la dueña me propuso trabajar de tiempo completo”, dijo. “Trabajé tres meses como chofer, luego me pidieron que me fuera de vendedor. Y no tenía ni la más mínima idea de lo que eran plantas ni de cómo vender”.

Los pinos blancos que algunos clientes prefieren.

Pero eso no fue un impedimento para Ricardo, porque lo único que quería era demostrar que sí podía aprender nuevas habilidades.

“Quería demostrarles que era bueno para aprender, y empecé a comprar libros, empecé a estudiar acerca de las plantas y cada vez me gusto más. Empecé a conocer el mercado y eventualmente me hicieron manager del lugar. Y eventualmente yo quería ser socio de la compañía. No se presentó la oportunidad de ser socio, sin embargo, unos años más adelante, se presentó la oportunidad para comprarlo”.

Recuerda que tenía ahorros por su cuenta y “un guardadito” de las comisiones en la compañía.

“Ese dinero me sirvió para dar el down payment (enganche) y logramos llegar a un acuerdo para seguir pagando mensualmente”, expresa.

Cuenta que esa oportunidad llegó luego de que la propietaria de ese entonces fue víctima de un robo y luego de una helada que quemó todas las plantas.

“Eso fue lo que a ella la desmotivó y ya no quiso seguir. Yo le pedí la oportunidad de que me lo vendiera si realmente ya no podía seguir operando. Ella me dijo: ‘lo único que veo en este negocio es crisis’.

“Y yo le dije: ‘Yo lo único que veo son oportunidades’. Así que para ella su crisis, ¡para mi significó una oportunidad!”, comenta.

La anterior propietaria del negocio ayudó a Ricardo con todo el papeleo legal para cederle el vivero y entrenó a una persona para que lo administrara.

“Porque yo lo único que sabía era vender y no sabía nada, no sabía ni cómo prender una computadora”, expresa. “Yo seguí haciendo lo que sabía hacer: vender”.

El vivero de Ricardo cerrará el año con ventas de un millón de dólares, y él está decidido a casi duplicar los ingresos para el próximo año.

PIDE A LATINOS ENFOCARSE EN LO POSITIVO

Ante el clima de incertidumbre que genera el presidente electo Donald Trump, el empresario recomendó no enfocarse en lo negativo, sino en la búsqueda de oportunidades.

“Si nos enfocamos en lo negativo, vamos a estar metidos ahí, y yo pienso que ésta es una gran oportunidad para que la gente se prepare, vaya a la escuela, aprenda inglés y un oficio. Obviamente, si no te preparas, vas a sufrir”, advierte.

Las palmas exóticas de Madagascar.

“Y yo considero que toda la gente que quiere salir adelante en este país lo puede lograr. Yo lo estoy haciendo, y no lo digo por presumir, sino para que alguien se inspire”.

Y remarca con una frase que busca que sea de motivación para los inmigrantes.

 “Si yo lo pude hacer, cualquiera lo puede hacer. Crisis para unos, oportunidad para otros”.