NORA ESTRADA

LATINO IN / LOS ÁNGELES

“El día que aprendí a vivir con lo que me tocó, es cuando encontré la paz”, asegura Juan Ignacio Maggi, atleta de alto rendimiento que padece poliomielitis desde que tenía un año de edad.

La historia del argentino de 53 años, originario de Córdoba, está llena de desafíos debido a su enfermedad.

Desde niño supo cómo afrontar la vida para sobrevivir, pero no le fue fácil aceptar su cuerpo con discapacidad.

También conocido como Jean Maggi, dice que su amor por el deporte adaptado surgió tarde en su vida después de un infarto que sufrió a los 37 años.

Como parte de su recuperación, le recomendaron un deporte, y fue cuando empezó a practicar en sillas de ruedas o bicicletas especiales el tenis, basquetbol, ski acuático y en la nieve, ciclismo, atletismo y equitación.  

Recuerda que comenzó a imponerse desafíos que lo llevaron a participar en los maratones de Nueva York, Barcelona, Roma, Alpes Suizos, Alemania-Austria y Bariloche, y a los Juegos Paralímpicos de Vancouver 2010.

En julio del 2015 se propuso la hazaña de hacer cumbre en bicicleta de mano en el Himalaya, la cordillera más imponente del mundo.

Y en agosto llegó al punto más alto al que se puede llegar en bicicleta: a 5 mil 460 metros sobre el nivel del mar.

Al igual que su primer maratón, el Himalaya fue el objetivo más desafiante que ha experimentado.

Asegura que el deporte le enseñó a eliminar barreras mentales y a liberar su cuerpo.

“El día que crucé mi primer objetivo, que fue la Maratón de NY después de entrenarme por un año con muchos controles médicos, fue cuando dejé ese cuerpo que me mantuvo preso durante tantos años.

“Este nuevo cuerpo me ha dado tantas satisfacciones”, expresa. “Yo pensaba que mi cuerpo no servía, pero el problema era mi cabeza. En el momento en que acepté mi cuerpo es cuando le pude sacar el verdadero fruto”.

Maggi promociona actualmente su documental Challenge Himalaya, y con ese objetivo estuvo recientemente en Los Ángeles, donde le concedió una entrevista a LATINO IN.

“Esto no tiene un fin comercial, esto es simplemente para que la gente se sume”, aclara. “Decirlo yo suena como algo soberbio, pero mi interés es que con este documental los jóvenes encuentren un referente a sus imposibles. Que la gente repiense sus imposibles”.

Háblanos de Challenge Himalaya…

“Llegué al paso más alto del mundo que se puede llegar en bicicleta.

“Fueron 15 días desde que salí de Córdoba, (Argentina). Fueron 11 días en la montaña. Después de 420 kilómetros, 11 días sin bañarme, dormir en carpa y pasar todas las adversidades que tiene una cordillera como el Himalaya, demostré que con sacrificio, dedicación, pasión y esfuerzo los objetivos se pueden lograr.

“Hice una comparación desde mi año de edad, de cuando me enfermé de poliomielitis, hasta llegar al paso más alto de mundo que se puede llegar en bicicleta”.
¿Qué te dejó el Himalaya?

“Lo que me dejó el Himalaya es la paz, encontré la paz en todo.

“Otra cosa importante es que he logrado que empresas se fijen en mi historia o en mí como deportista para publicitar productos como Gatorade y otras marcas importantes que ya están viendo a personas con discapacidad con posibilidad de que sea un elemento importante para vender su producto, cosa que para mí también es un logro importante”.

¿Qué tan difícil fue afrontar este desafío?

“Son decisiones que uno las toma, y después se pregunta por qué las toma. Te puedo asegurar que en esos 11 días yo pedaleaba 12 horas por día durante los 11 días, fueron 420 kilómetros, y me preguntaba mil veces qué hacía ahí a 5 mil 460 metros sobre el nivel del mar.

“Y un año después, me encuentro con todo esto en Estados Unidos presentando el documental, y cuando veo las charlas que doy en los colegios, lugares credenciados, las respuestas de los chicos, la verdad es que ahí está la respuesta de lo que hacía pedaleando en el Himalaya.

“Así que, si bien fue una experiencia única e irrepetible porque no volvería, cada vez que veo las imágenes me recuerda que no debo volver a hacer lo mismo, hoy estoy disfrutando mucho de esto”.

¿Cómo te involucraste en el deporte?

“El deporte lo agarro de viejo… a la vejez viruela, decía mi mamá.

“Tuve un infarto, me mandaron a moverme, hacer actividad aeróbica, y a raíz de cómo convivía mi discapacidad con la actividad física me encontré con este mundo del deporte adaptado, y fue como un amor a primera vista.

“Indudablemente, yo era el deportista que estaba aguardando detrás de un escritorio y apareció este contacto con las sillas especiales para practicar deporte.

“Y aquel día que crucé mi primer objetivo, que fue la Maratón de NY después de entrenarme por un año con muchos controles médicos, fue que cuando dejé ese cuerpo que me mantuvo preso durante tantos años y encontré este nuevo cuerpo que me ha dado tantas satisfacciones.

“Yo pensaba que mi cuerpo no servía, pero el problema era mi cabeza, en el momento en que acepté mi cuerpo es cuando le pude sacar el verdadero fruto”.

¿Derribaste tus muros?

“Así es, ahora que están de moda los muros. Nos ponen muros o nos ponemos muros.

“Creo que en el caso de las personas con discapacidad es que nos ven que no podemos. Al principio de mi historia me la creí de que no podía.

“Existen un montón de cosas como la manipulación y todo esto del ‘pobrecito’, hasta que un día, por suerte, decidí no comprar esa historia y pude demostrar que podía”.

¿Llegaste a sentirte víctima?

“Yo digo que me he llevado la vida por delante para que la vida no me lleve por delante a mí. Y me he victimizado en algún momento para pasarla mejor, pero era simplemente un engaño.

“El infarto me lo busqué justamente por seguir dando vueltas en esta victimización, pero llegó el día en el que me salté eso, y todo eso quedo atrás.

“Aprendí a convivir con lo que me tocó, y el día que aprendí a vivir con lo que me tocó es cuando encontré la paz.

“El problema es cuando uno entra en conflicto entre la cabeza y su cuerpo, o entre su cabeza y las barreras que nos generamos, que en mi caso era una discapacidad, y en otros tantos casos, discapacidades no visibles”.

¿Cuántos deportes practicas?

“Tenis, basquetbol, ski de agua y nieve, ciclismo, atletismo, y actualmente estoy practicando equitación”.

¿Cómo fue que fuiste descubriendo cada uno?

“Si puedo hacer esto, puedo hacer aquello, ¿y por qué esto?, ¿por qué no pruebo esto?

“Cuando uno se acepta, pierde el miedo de hacer el ridículo.

“Me animé a probar, si pruebo tenis y no le pego a la pelotita, ¿qué puede pasar? Simplemente que no le pegué a la pelotita.

“Creo que lo que he perdido es el miedo a la frustración”.

¿Cuál es el siguiente desafío?

“Pretendo encarar mi siguiente desafío cruzando la Cordillera de los Andes a caballo.

“Ahora estoy casi como de vacaciones, pero para los últimos días de febrero emprendo este viaje”.

¿Cómo te preparas?

“Tengo más actitud que aptitud. Entreno cuatro horas al día, seis o cinco veces por semana. Y hace seis meses estoy haciendo eso.

“Justo antes de venir a Los Ángeles llegué hasta el lugar del accidente que tuvieron los jugadores uruguayos, de la película VIVE, llegue ahí como parte del entrenamiento para este objetivo final”.

¿Cómo te impones los retos?

“Hay un periodista reconocido en Córdoba que dice que hacer todo esto alguna pincelada de locura debe tener.

“Soy un apasionado de la vida. Cuando tuve hijos, ¡tuve cinco hijos! Cuando tuve que decidir ir a una cordillera, fui a la más alta del planeta que es el Himalaya, y si quiero andar a caballo tengo que cruzar la Cordillera de los Andes.

“Es por esa pasión que le encuentro a la vida y este nuevo gusto de tener gente que me motive.

“También son cosas que, si bien no son desafíos importantes, tomo el entrenamiento adecuado.

“No son aventuras, son desafíos que tienen todos los condimentos que deben de tener: seguridad, equipo y preparación”.

A la fecha ¿cuál ha sido el reto más difícil?

“El Himalaya, es toda adversidad, no hay nada que pueda decir, salvo el documental, el sitio, no hay nada que yo pueda decir que haya disfrutado en el lugar por las condiciones, altura, temperaturas altas y bajas.

“Cuando estaba abajo de 4 mil metros de altura, 50 grados de calor, cuando estaba por encima de los 4 mil metros de altura es dormir a menos 15 grados.

“Fueron 11 días sin bañarme, y la comida… hidratarse con elementos básicos.

“Entonces sin duda fue una experiencia única e irrepetible, y está la imagen para recordarme que no volvería”.

¿El cruzar a caballo la Cordillera de los Andes sería un reto más difícil?

“Lo que pasa es que ya tengo el Himalaya encima, entonces no parecería ser tanto. Todo es relativo en la vida.

“Hoy la tecnología es espectacular, pero dentro de poco va a ser vieja, en esto pasa lo mismo.

Al Himalaya ya lo subí siendo deportista, pero a mi primer maratón llegué como una persona con discapacidad que había luchado con su cuerpo 37 años y que tenía que pedalear 42 kilómetros en un escenario de muchísima gente. Creo que es relativo.

“Creo que fue el Himalaya (el reto más difícil), pero también he tenido distintos episodios como éste de mi primer maratón en Nueva York.

“En realidad, creo que a lo largo de mi vida he tenido retos difíciles.

“Como aquel día que me caí teniendo siete años en un aeropuerto, se me resbalaron los bastones de madera, la gente se acercó a mí para ayudar a levantarme, pero mi padre dijo: ‘el chico se levanta solo’.

“Creo que son las cosas que hoy me llevaron al Himalaya”.

¿Qué papel jugó tu familia en tu determinación?

Yo creo que lo más importante que hicieron mis padres fue prepararme para cuando tuviera que moverme solo (con independencia), dijeron: ‘hay que prepararlo para eso y la mejor forma en que me prepararon fue: ‘anda y vive’.

“Me enviaron a un colegio de doble escolaridad. Yo digo que ése fue mi primer Himalaya porque era un colegio gigante de 4 mil chicos, con escaleras, rampas, cada hora tocaba el timbre y había que cambiar de aula.

“Creo que eso fue lo más importante que hicieron conmigo.

“También he tenido muy buenos amigos que he hecho mucho esfuerzo por seguirlos, pero ellos también han hecho mucho esfuerzo por acompañarme”.

Y ahora, ya casado y con hijos…

“Por eso me fui al Himalaya, por los cinco hijos, jajaja… ése fue un desafío importante: ¡tener cinco hijos!

“Con mis hijos tenemos una relación muy particular, no es fácil la vida diaria con una persona con una discapacidad, si bien llevamos una vida normal, tiene sus cosas.

“Hoy estoy en los medios de Argentina y distintas partes del mundo contando la parte buena de la historia, pero también he sido el papá que los compañeros de mis hijos elegían para señalar.

“Creo que hemos transitado un camino importante, también de evolución, de aceptación de la sociedad. Así que estamos pasando un muy buen momento familiar.

“Tengo un varón, el mayor, y cuatro mujeres. Y mi esposa ha jugado un papel muy importante en mi vida. Hay que sacarse el sombrero”.

¿Cuál es el objetivo de tu fundación?

Con la Fundación Maggi mi sueño es que la mayor cantidad de niños con discapacidad pueda tener su bicicleta a los 10-12 años, y después, si quieren ser artistas, ingenieros, médicos o lo que quieran ser, pero primero que tengan la oportunidad de conocer el deporte.

“Recaudamos fondos ofreciendo conferencias, de lo que salga del documental o del próximo libro con el fin de obtener material deportivo para los chicos”.

¿Qué le dices a todas las personas que pueden tener un impedimento mental?

“Que busquen cuál es su Himalaya, cuál es su primer maratón, cuál es su infarto para poder aceptarse, y una vez que se acepten, que vayan tras su sueño, que lo difícil se hace, y lo imposible, también, con un poquito más de tiempo y esfuerzo”.