NORA ESTRADA

LATINO IN / LOS ÁNGELES

De jovencitos se conocieron cosechando la uva poco tiempo después de llegar de México con sus respectivas familias, y actualmente los esposos Amelia Morán Ceja y Pedro Ceja, junto a Armando Ceja, poseen en Napa, California, uno de los viñedos y una de las marcas de vinos de mayor prestigio que, incluso, ha sido degustada en la Casa Blanca.

Los Ceja son hijos de braceros que en menos de una generación producen ya su propio Pinot Noir, Merlot y Chardonnay, así como un vino de mesa llamado Vino de Casa, entre otros.

La casa vitivinícola Ceja se ha especializado en la producción limitada de vinos gourmet que tienen un cuidado especial, desde el cultivo orgánico de los viñedos hasta su procesamiento cuidadoso y su embotellamiento para llegar a tiempo a las mesas de los ávidos conocedores de los vinos de excelencia.

AMELIA MORÁN CEJA
Amelia Morán Ceja muestra con orgullo los Vinos Ceja, una de las marcas más prestigiadas de Estados Unidos.

Amelia es presidenta y promotora de los Vinos Ceja; Pedro, su esposo, se encarga de la comercialización, y Armando es el productor, viticultor y director técnico, y su esposa, Martha Brambila de Ceja, es la vicepresidenta. Los padres de ambos son una especie de consejeros y asesores.

El origen del viñedo data de la visión del patriarca Pablo Ceja, quien en 1960 llegó a Sonoma, California, amparado por el programa Bracero, un intercambio de mano de obra entre México y Estados Unidos para labrar la tierra. El abuelo Ceja dejó Aguililla, Michoacán, para aventurarse en el “American Dream”.

La esposa de don Pablo, Juanita Castañeda, emigró a Napa con sus dos hijos, Pedro y Armando, quienes trabajaron en los viñedos desde muy temprana edad. Armando comenzó a los siete años en la pizca de la uva y a la edad de 18 años hizo su primer barril de Cabernet Sauvignon. Después estudió enología. Su hermano Pedro primero estudió ingeniería, pero al final regresó a lo que más le atrajo: crear vinos.

amelia ceja y su esposo pedro cja
Amelia y su esposo Pedro se conocieron desde adolescentes cuando llegaron con sus familias a California y años después se casaron.

Del tiempo en el que trabajaron para la casa de Robert Mondavi haciendo la pizca de las uvas de Merlot han pasado casi 36 años, periodo en el que se apropiaron de la cultura del vino y continuaron con la tradición de trabajar el campo para producir uno de los pocos vinos de manos de mexicanos en Estados Unidos.

Por su parte, la familia de Amelia empezó a destacarse en 1967 cuando su padre Felipe Moran era gerente de Oakville Vineyard Management, que cuidaba el ahora famoso viñedo Kalon para la Bodega Robert Mondavi. Mondavi se convertiría en el viticultor más influyente de California.

PEDRO Y AMELIA CEJA CON LA NUEVA GENERACION
Amelia y Pedro con la nueva generación.

“Yo empecé trabajando en el viñedo de niña cuando llegué de Los Altos de Jalisco, México, en 1967. Mi papá ya trabajaba en el Valle de Napa, y yo fui introducida a lo que es la viticultura desde niña, y me encantó, y ahora soy copropietaria de una de las marcas de más prestigio en Estados Unidos.

“De hecho, nuestro vino se ha servido en cuatro ocasiones en la Casa Blanca, y en algunos de los mejores restaurantes de Estados Unidos”, señala Moran Ceja.

En el 2005, la Legislatura de California reconoció a la promotora, publirrelacionista y selectora de uva del Viñedo Ceja como “Mujer del Año”, convirtiéndose en la primera mexicoamericana elegida presidente de una bodega de vino.

AMELIA_LOS CEJA DE IZ. A DER. PEDRO CEJA,_BELEN CEJA RIVERA_ELLIE CEJA_ARIEL CEJA_ARMANDO CEJA_AMELIA CEJA_DELIA CEJA

“Empezamos cosechando la uva. Entonces conocí a un chico que también acababa de llegar de Michoacán, Pedro. Nos conocimos casi de niños cosechando uva y ambos teníamos el sueño de algún día tener un viñedo. No hablábamos ni una palabra de inglés. Al poco tiempo yo regresé a México a estudiar la prepa, y luego regresé a Estados Unidos a estudiar en la universidad, en San Diego. Y nos volvimos a reencontrar en 1979, nos casamos en 1980”.

Dijo que lo primero que hicieron como pareja fue comprar un terreno en Napa en 1983 y dos años después lo plantaron para recoger su primera cosecha en 1988.

“Y después de esa primera cosecha empezamos a comprar más terrenos, y ahora tenemos más de 113 acres”, explica Morán Ceja.

Trece años después, continúa, la familia lanzó la marca de vino bajo Viñedo Ceja y actualmente compite con unas mil vinaterías que existen entre el Valle de Napa y Sonoma, al norte de California.

AMALIA_CEJA VINEDO
El Viñedo Ceja en el Valle de Napa, en California.

“Y a que no le temo a nada porque una persona que no le teme a nada logra que se le abran las puertas sin tocarlas.

‘Esto es solamente el principio, tenemos más proyectos, pero lo más importante, es que estamos abriendo el paso a los demás”, expresa. “Un traguito a la vez, una botella a la vez”.

Moran Ceja dice que a pesar de que encontrar a un distribuidor del vino para la venta fuera del estado de California ha representado un gran desafío, eso no ha detenido los planes de la familia para seguir adelante en la competida industria.

“La industria del vino es de las más competitivas, definitivamente la distribución del vino a través del país es un gran desafío porque nosotros no la podemos vender. Aun si existiera un restaurante de Chicago que quiera poner nuestros vinos en su menú, pues no se los podemos vender directamente, sino que debe haber un distribuidor.

“Aquí en California los productores de vino pueden vender el vino directamente al consumidor, a tiendas y restaurantes, pero para venderlos fuera de California se requiere un distribuidor. Es un desafío porque es muy difícil que un distribuidor le preste atención a una empresa pequeña. Ese ha sido el mayor reto”, comenta.

FOTO CEJA VINOS

Pero los Ceja cambiaron el enfoque para vender directamente al consumidor y crearon un club para los amantes del vino Ceja, la buena comida y los viajes.

“Eso ayuda muchísimo para que nuestros miembros de nuestro club tengan más lealtad a nuestra marca. Aquí se integran personas de todo el país que ven el club como una oportunidad para tener acceso a nuestros vinos.

“Nuestros vinos se pueden comprar por internet, llamando a nuestra oficina, o siendo miembro de nuestro club”, dice. “Pero también tenemos dos salones de Cata en Napa y en Sonoma, donde la gente puede ir a probar nuestros vinos, y si les gusta se hacen miembros de nuestro club”.

AMELIA, LA CHEF

Moran Ceja explica que su gusto por la cocina que le heredó su abuelita Chepa en Las Flores, Jalisco, México, y su amor por los vinos la llevó a introducir comidas étnicas en las degustaciones.

“Tenemos buenos vinos que combinan con todo tipo de comida, porque también soy chef, y la cocina mexicana es una de mi favoritas”.

HOMENAJE A LOS CAMPESINOS

Moran Ceja, también reconocida activista como su padre desde la época de Cesar Chávez, quien abogó por los derechos de los campesinos, afirma que sin la mano de obra de los inmigrantes Napa y Sonoma no serían lo que actualmente son en la industria vitivinícola.

“Porque sin ellos no hubiese la industria del vino ni comida en nuestras mesas. Es gracias a todos los trabajadores, que el 98.9 son mexicanos y mexicoamericanos, que estamos elaborando estos vinos que compiten con los mejores del mundo”, comenta la profesional que se graduó de la UC San Diego de la licenciatura de Historia y Literatura.

EL PRÓXIMO DESAFÍO

La empresaria dijo que la familia iniciará la construcción de una bodega en Napa con una arquitectura inspirada en Las Misiones, edificios religiosos controlados por los franciscanos entre 1769 y 1823 con el propósito de proteger el entonces territorio español mediante asentamientos y convertir a los nativos americanos a la religión cristiana.

“Entre nuestros planes está expandir la venta de nuestros vinos al extranjero, especialmente a México, pero vamos a iniciar la construcción de nuestra bodega, la que tendrá una arquitectura tipo Las Misiones porque los franciscanos que conquistaron estas tierras lo primero que plantaron fueron viñedos para uso sacramental. Aunque no me agrada que hayan esclavizado a los indígenas, pero es parte de nuestra cultura”.

“Y esto es solo el principio de lo que podemos llegar a hacer”, añade. “Pero lo más importante es que estamos abriendo el paso a los demás”.