NORA ESTRADA

LATINO IN / LOS ÁNGELES

A punto del llanto, ojos cansados y voz entrecortada, la guatemalteca Mayra Todd asegura que duerme en el sofá de su sala para vigilar que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) no ingresen a su casa.

El salvadoreño Jaime Martínez dice que no puede dormir porque siente pánico de que lo separen de su hijo de 14 meses, y los esposos mexicanos Gutiérrez confiesan que la angustia y temor los consumen.

Los entrevistados por LATINO IN en Los Ángeles tienen algo en común: una orden de deportación en su contra no les permite vivir en paz.

Todd, Martínez y los Gutiérrez tienen miedo de ser arrestados por los agente del ICE porque su situación legal los pone en el grupo de personas que deben ser deportadas, de acuerdo a las políticas de la administración de Donald Trump que perjudican a los inmigrantes.

En las últimas semanas se han dado a conocer en video casos de personas arrestadas en sus hogares, muchas veces en la madrugada.

‘DUERMO EN EL SOFÁ DE MI SALA PARA VER QUIÉN VIENE’

“Tengo casi 30 años con una orden de deportación, y ahora, desde que este presidente ha puesto tantas cosas contra nosotros, mi estilo de vida es deprimente.

Mayra Todd escapó de la violencia de Guatemala hace casi 30 años y ahora enfrenta una orden de deportación en Los Ángeles.

“A los dos años de que llegué me dieron la deportación desde 1990 por negligencia de un abogado. He tratado de arreglar mi situación migratoria con varios abogados haciendo mociones para reabrir mi caso y fueron denegadas”, explica Todd con angustia.
“Ahora cada vez que tocan a la puerta de mi casa me da mucho nervio, y no sólo a mí, sino a mi esposo y a mis tres hijos. Es algo horrible.

“Yo ya duermo en un sofá de mi sala para poder ver quién viene. Quiero estar aquí cerca cuando alguien toque la puerta porque si son los de ICE, no quiero arriesgarme a que por equivocación alguno de mis hijos abra la puerta porque me deportan”.

Con no permitir la entrada de los agentes de Inmigración, la guatemalteca se acoge a uno de los derechos constitucionales.

Todd dice que no quiere pasar por el que sería uno de los momentos más difíciles de su vida: ser separada de sus tres hijos.

Señala que, en 1990, cuando salió de Guatemala por temor a ser asesinada, como le pasó a dos de sus hermanos por la violencia que se vivía en ese país, tuvo que dejar un hijo de siete meses de nacido.

“Fue difícil haber dejado a mi hijo, pero me tuve que venir para acá porque a mi mamá ya le habían matado dos hijos, a una la fueron a matar a la casa. En Guatemala había una guerra no declarada”, agrega.

Todd no sólo se enfrenta al temor de una deportación, al miedo de ser separada de sus tres hijos y de su esposo, que son ciudadanos, y a una trombosis en la pierna izquierda, sino también al cáncer que sufre su hermana.

“También me preocupa mi hermana, y ya no siento a mi país como mi país porque ya tengo toda una vida aquí, son 30 años, llegué muy joven aquí, a los 19 años”, dice

‘TENGO MIEDO CADA VEZ QUE ALGUIEN TOCA LA PUERTA’

Martínez cuenta que hace más de 30 años cometió un delito que creyó ya haber pagado, pero hace tres años y medio las autoridades de Inmigración le notificaron que en ese entonces cometieron un error en su caso, por lo que debería ser deportado.

El salvadoreño Jaime Martínez afirma que lo quieren deportar por un delito por el que ya había pagado en su juventud.

“Tengo mi residencia, pero me la quieren quitar. Yo entré legalmente al país en 1979”, se apresta a decir.

“Lo que pasa es que, cuando tenía como 17 años, me metí en un problema y ahora viene Inmigración y dice que debería estar deportado. Estoy peleando mi caso en la Corte, pero ahora, con las órdenes ejecutivas de Trump, puedo ser deportado.

“Me despierto en la noche pensando. Entro en pánico pensando ‘¿qué va hacer de mi hijo si soy deportado? ¿Cuándo lo voy a ver? ¿Qué va a pasar con él?, va a crecer sin un padre’”, expresa desolado.

“Lo que está haciendo el presidente con la comunidad es separar familias. Es un sufrimiento, y parece que a él le encanta causar ese sufrimiento”.

Martínez, quien trabaja para Homies Unidos, una organización que brinda apoyo y asesoría a familiares de detenidos y a jóvenes en malos pasos, dice que se está preparando para lo peor dejando una carta poder para que un familiar se haga cargo de su hijo, que tiene 14 meses de nacido.

“Cada vez que tocan la puerta de mi casa hasta cierto punto tengo miedo, pero mi familia tiene más miedo de que me deporten. Si Inmigración viene me deporta, ¿qué va a pasar con mi familia, con mi hijo?

“¿Lo van a mandar a un departamento para que lo cuiden? Pasará a ser parte de un peso para el país en vez de tener a su padre que pueda poner su comida en su mesa, darle educación para que pueda convertirse en un hombre”, advierte.

“Vivimos con el temor de qué va a pasar. Yo no sé qué haría si me deportan a El Salvador, ya toda mi familia cercana está aquí, o son nacidos aquí o vinieron cuando tenían tres, cuatro y cinco años de edad, y nada más yo me encuentro en esta calamidad”, se lamenta Martínez, quien salió de su país natal a los 13 años y ahora cuenta con 52. 

‘ESTOY ORANDO POR TRUMP, PARA QUE DIOS LE CAMBIE SU CORAZÓN’

N. Gutiérrez acudió a un taller de asesoría legal para, una vez más, preguntar si el caso de ella y su esposo tenía alguna solución.

Con mirada triste, cuenta que en el 2005 ella y su marido cayeron en manos de un mal abogado que supuestamente les iba a arreglar su estatus migratorio, pero terminaron firmando una “salida voluntaria.

La mexicana cuenta que tiene tres hijos que nacieron en EU.

“Y nunca nos fuimos. Es difícil. Tenemos tres hijos que nacieron aquí. Hemos buscado ayuda con otro abogado, pero dicen que si tratan de reabrir el caso, se corre el riesgo de que nos saquen a México. 

“Ya tenemos la mitad de la vida viviendo aquí, llegamos en 1990 igual que todos (sin documentos)”.

La mexicana dice que, tanto ellos, que cuentan con esa autodeportación, como sus hijos, están muy preocupados por su futuro como familia.

“Y ahora estamos más preocupados que nunca porque este Presidente está haciendo las cosas de migración muy rápido.

“Y nos frustra porque nosotros queremos seguir viviendo aquí porque ya tenemos a nuestros hijos y hasta una nieta, un trabajo que nos da para comer.

“Platico con mis hijos de que no tengan miedo y que tengamos mucha fe en Dios. Le pedimos a Dios que todo salga bien. Salimos de casa pidiéndole a Dios”, añade.

“Cada vez que veo una noticia de que llegan los agentes de Inmigración a la casa de alguien es muy triste, es difícil. Están asustando a la gente. Mejor estoy orando por él (Trump) para que Dios le cambie su corazón”.