ALICIA ALARCÓN

COLUMNISTA INVITADA / LOS ÁNGELES


Alicia Alarcón, periodista radial, conduce un programa de opinión en KBLA-1580 AM en Los Ángeles, CA. Es autora de La Migra Me Hizo los Mandados, de Arte Público Press y de Revancha, en Los Ángeles. Las opiniones que aparecen en esta columna pertenecen exclusivamente a su autora.

Esta tierra es nuestra, pero ellos dicen que no es nuestra. Es un idioma que se nos atora, pero que aprendemos.

Es aquí, en Estados Unidos, donde encontramos a muchos que no saben que el nopal es un cactus, que el atole es una bebida y que la Independencia de México no se festeja el 5 de mayo, sino el 16 de septiembre.

También es aquí donde atestiguamos una gran deshumanización.

¿Cómo es posible que entre la población se vea como algo normal y natural que hombres y mujeres sean esposados, se les pongan grilletes en los pies y se les conduzca como peligrosos criminales por trabajar?

¿Cuándo pasó esto? ¿Cuándo perdimos nuestra empatía y nos convertimos en una sociedad inmóvil ante el dolor y la injusticia?  

¿Cómo es que en este país, que ha logrado los avances industriales más grandes del planeta y que ha aportado los descubrimientos más útiles de los últimos tiempos, se acepte que se culpe al extranjero por crisis económicas, que ni siquiera son reales, sino inventadas?

Para mí, la verdadera crisis que existe en este país no es de carácter económico, sino moral.

Urge una nueva moralidad, no la moralidad hipócrita que conocemos entre los que nos gobiernan, sino la moralidad cívica que nos impida, como norma de conducta, separar a una madre de su hijo o aceptar que se tenga que refugiar en una iglesia para no ser deportada por las autoridades de Inmigración porque le falta un papel que sustente su legalidad.

Como ser humano, esa madre tiene derecho a la búsqueda de libertad y de bienestar, como lo marca la Constitución. A esta clase de moralidad me refiero.

Es urgente que la sumisión y el temor sean reemplazados por la acción a través de la pluma y las ideas, no por la violencia y la desinformación. 

Este país es un país próspero, y nosotros somos parte de esa prosperidad. La amenaza que se cierne sobre este país no es la presencia, ni la llegada de migrantes, como lo ha manifestado el congresista republicano de Iowa, Steve King, que nos considera una seria amenaza para la civilización.

La amenaza a lo que se conoce en inglés como “our way of life”  (nuestro estilo de vida) es el incesante ataque que sufren las instituciones que han evitado por décadas que los más necesitados terminen como en nuestros países, en una pobreza extrema, gracias al Seguro Social, Medicare, Medical, Servicios Sociales y Ayuda Alimentaria, entre otros.  

Es del conocimiento público que el objetivo principal de Donald Trump y su equipo es reformar el sistema de Gobierno de tal manera que cuando terminen, nadie lo reconozca.

Cuentan con muchas posibilidades de lograr su cometido. Ya han puesto en marcha su plan para el desmantelamiento de las instituciones y tienen el pie en el acelerador.

Y, hasta ahora, nadie parece tener el poder para detenerlos.