NORA ESTRADA

LATINO IN / LOS ÁNGELES

“Voy a seguir luchando y resistiendo por mis hijos y por todas las familias de allá afuera”, expresa con firmeza la inmigrante Jeanette Vizguerra exactamente un mes después de que decidió refugiarse en una Iglesia Santuario de Denver para evitar ser deportada.

Vizguerra es una reconocida activista pro inmigrante y a favor de los derechos de los trabajadores desde hace 20 años y enfrenta una orden de deportación desde el 2012, a la espera de una resolución para la Visa U.

También es una de los aproximadamente 15 inmigrantes que han acudido a un cada vez mayor número de templos de diferentes creencias religiosas que acogen a indocumentados para evitar su deportación.

Se estima que actualmente hay unas 800 Iglesias Santuario alrededor de Estados Unidos, el doble desde las elecciones presidenciales.

Mientras se encuentra en la Iglesia First Unitarian Society, una de las nueve iglesias de Denver, Colorado, que forman parte del movimiento Santuario, Vizguerra atiende a LATINO IN para ahondar en su historia porque considera que hacerla pública deja un precedente.

“Mi caso ha sido completamente público, ha salido no sólo a nivel nacional, sino internacionalmente porque he tenido entrevistas desde Singapur, India, China, Colombia, Argentina, Brasil, Guatemala, de todo México, y ahora estamos aquí contigo.

“Lo que pasa con mi caso es que va a servir de precedente para muchos más”, dice. “Y quiero dejar un mensaje a la comunidad inmigrante: que no nos tenemos que rendir, que tenemos que seguir luchando”.

Ella misma considera que su caso legal es uno de los más difíciles para resolverse a su favor.

Vizguerra, ahora de 45 años, junto a su esposo Salvador y su hija mayor en ese entonces de siete años, dejó la Ciudad de México hace más de 20 años porque su marido fue asaltado en tres ocasiones a mano armada.

Tras varios años en Denver, en 2009 fue arrestada por una infracción de tránsito.

Asegura que nunca le informaron de qué tipo fue la infracción, pero en esa época los indocumentados no podían obtener una licencia de conducir en Colorado.

Recuerda que el policía le preguntó si era legal o ilegal, y que ella se acogió a su derecho de mantenerse en silencio.

“Era un 4 de febrero, pasadas las 10 de la noche, cuando me para la patrulla. Orillo el carro, pongo las manos en el volante, lo que debe hacerse. Y el policía me echa la luz, y primero me pregunta, ¿estás legal o ilegal en este país?

“Le contesté: ‘perdón, yo conozco mis derechos y no entiendo tu pregunta’. Me repitió la misma pregunta y le respondí lo mismo, pero le agregué que iba a apegarme a mi derecho de mantenerme callada”, cuenta la activista.

“Parece que eso lo molestó. Y fue cuando me pidió la licencia, y yo le entrego mi matrícula consular mexicana, mi seguro de auto y se retiró a la patrulla a revisar la información”.

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Finalmente, el uniformado le notificó que sería arrestada, sin darle más explicación.

“Ahí cambió mi vida. Me detuvieron, me arrestaron. Estuve 34 días detenida entre la Policía y Migración. Salí con una fianza y comencé a pelear mi caso”, explica.

A Vizguerra también le encontraron una aplicación para un trabajo en la que había escrito un número de Seguro Social inexistente, lo que le costó el inicio de un proceso que derivó en una orden de deportación en 2011, durante el Gobierno de Barack Obama.

“En el 2011, la juez que estaba llevando mi caso tomó la decisión de que tenía que salir de manera voluntaria porque, aunque tenía muy buen carácter moral, mis hijos, que eran pequeños, no iban a resentir los cambios.

“Obviamente, sabiendo mis derechos, apelé la decisión, sometimos una apelación que estaba pendiente”, agrega.

La situación legal de Vizguerra se agravó cuando decidió regresar a México para ver a su madre quien se encontraba postrada en una cama de hospital con cáncer en fase terminal.

“Yo no había visto a mi madre en 15 años. Ir a México fue una decisión bien, bien difícil, porque ya tenía a la más chica Zuri de un año y medio. Y era como que ‘¿qué hago, sigo aquí peleando mi caso o voy a ver a mi madre?’ Obviamente el corazón te gana y tomé la decisión de ir a ver a mi madre.

“Y ahí experimenté que a mí me deportaran porque tuve que estar siete meses en México porque no tenía el dinero para regresar.

“Fueron siete meses muy, pero muy difíciles, tanto para mí en México, como para mi familia aquí”, afirma.

“Decido regresar, como lo hice la primera vez, con coyote. Estuve caminando siete días con sus noches. Mis pies sangrando porque se rompieron las ampollas de mis pies”.

Agrega que no sabía de dónde sacaba fuerzas para continuar con el viaje.

“Lo único que me sostenía era que iba a abrazar a mis hijos después de siete meses”, expresa.

Pero para desgracia de la inmigrante, fue arrestada por la Patrulla Fronteriza y la enviaron detenida a El Paso por más de tres meses, y por eso ingresó a la lista de personas en prioridad de deportación bajo las reglas de Obama. 

“No sabían cómo manejar mi caso porque era una persona con una apelación pendiente y que había cruzado de nuevo la frontera.

“Al final yo estuve haciendo mucho trabajo de activismo adentro, y estuve trabajando en mi caso y al mismo tiempo movilizando a mi comunidad en Colorado”, dice.

“Y la presión que hicieron hizo que me dejaran salir bajo supervisión en el 2013”.

La odisea de Vizguerra no terminó ahí, indica, ya que cuando se presentó ante las autoridades de Inmigración a reportarse (checking) un oficial le dijo que se volteara para ponerle las esposas, frente a los llantos de sus tres hijos de 9, 7 y 5 años.

“Le pregunté que por qué lo hacía, y dijo que si me iban a deportar en ocho meses o un año, lo podía hacer de una vez, que era su decisión personal, pero eso no era basado en la ley.

“Fue mucha frustración, mucha impotencia, y estuve detenida en esa ocasión una semana y media aquí en Denver, Colorado”.

UN PASO ADELANTE DE LA MIGRA

Vizguerra afirma que se abocó a pelear duro desde adentro del centro de detención con el apoyo de su comunidad, y volvió a ser liberada.

“Y estuve ganando extensiones de tiempo, hasta la extensión pasada, y en ese trayecto he trabajado muy duro en mi caso, he recopilado más cosas que apoyan mi caso para lograr extensiones de tiempo, pero también en ese tiempo sometí una aplicación para Visa U que les otorgan a las personas víctimas de un crimen violento.

“Desde entonces también estuve trabajando en el proyecto de Santuario pensando que era un recurso y que en algún momento lo iba a necesitar”, dice.

“Y este año, basada en la nueva administración y viendo que se estaban empezando a cumplir las amenazas de Trump, me dije: ‘¿voy a ser la que sigue?’”.

La intuición de Vizguerra se debía a que habían pasado 62 días desde que sometió la aplicación con mucho tiempo de anticipación pensando que podían responder antes del 20 de enero, día en que Trump tomaría posición.

“Pero no me llamaban, lo único que escuchaba era que seguían evaluando, pero es un caso que ellos conocen desde hace años.

“Sabía que las cosas no estaban bien, pero, como siempre, trabajo con anticipación en mi caso y siempre tengo plan A, B y C”, expresa.

“Entonces dije: ‘voy a caminar un paso adelante de ellos’”.

La última extensión de Vizguerra venció el 7 de febrero del 2017.

“Ese mismo día yo entré al Santuario sin hacerlo público, como no recibía respuesta de la agencia de Inmigración para hacer mi checking.

“El 14 de febrero yo le aviso a mi abogado que todos los planes seguían igual como si me fuera a presentar al checking”, cuenta.

Explica que el 15 de febrero le dijo a su abogado y a una pastora, que siempre la ha apoyado, que entraran primero a la oficina del ICE para preguntar si aprobaron la extensión de fecha de deportación o no, y a ver cómo estaba el ambiente.

“Mi pastora inmediatamente me mandó un texto y me dijo: ‘no te vayas a parar aquí’. Con eso intuí que me habían negado la extensión.

“Después me dijeron que el ambiente que encontraron era tenso, con oficiales del equipo oficial con chalecos antibalas y rifles largos.

“Lo que pasa es que siempre que acudía al checking iba un grupo como de 200 personas para apoyarme, más los medios de comunicación”, agrega.

“Al enterarse que estaba en el Santuario, todos se vinieron para acá mientras yo organizaba un evento en Washington frente a las oficinas de ICE y difundía un comunicado a nivel local y nacional”, explica.

RESISTENCIA Y PACIENCIA

Vizguera dice que está dispuesta a continuar en el Santuario porque confía que su caso va a funcionar por las vías legales, como recibir la Visa U, documento que otorga la Oficina de Servicios de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) a víctimas de crímenes que han sufrido abuso físico o mental y brindan ayuda a las agencias del orden público y gubernamentales en la investigación.

“Hoy se cumple un mes (de estar en la iglesia), sigo resistiendo, teniendo mucha paciencia, mi lucha no termina porque no importa cuánto tiempo tenga que estar aquí”, comenta.

“Y vamos a seguir luchando, tengo mucho apoyo de la comunidad, tengo personas elegidas en el Gobierno, tengo un proceso para la Visa U pendiente. Y esperamos que todo va a funcionar”.

La refugiada en la Iglesia Santuario agrega que no es la única persona que vive en esa condición porque junto a ella hay otra madre de familia que tiene tres meses ahí.

“Estamos aquí empujando mi caso y el de ella. Y vamos a seguir luchando y resistiendo por nuestros hijos, por nuestras familias, pero también por todas esas familias que están afuera”.

EL DÍA A DÍA EN EL SANTUARIO

La inmigrante afirma que su esposo Salvador y sus tres hijos pequeños se han acoplado al nuevo estilo de vida en solidaridad, porque cada día, después de asistir los menores a la escuela, van a verla para hacer las tareas juntos y convivir un rato.

“Mis hijos han crecido conmigo en este movimiento. A su corta edad ellos también ya son activistas, saben lo que implican los derechos humanos. Ellos estuvieron conmigo en el proceso de crear el Santuario y sabían que en algún momento lo iba a utilizar.

“Cuando nos dieron la noticia a todos nos cayó mal, mis hijos lloraron, pero de cierta manera ellos fueron los que me calmaron y dijeron: ‘bueno, para eso tú hiciste esto, estás en un lugar seguro, estás con nosotros, nos puedes abrazar, nos podemos ver’”.

Dice que, como la casa donde viven con su papá está cerca del Santuario, al salir de la escuela la van a visitar muchas veces y luego regresan a su hogar a dormir.

“Pero todo el fin de semana están conmigo”, añade. “Y mi esposo cambió la dinámica, ahora hace tareas que antes no hacía, como cocinar, ir a lavar la ropa, y cosas así, pero aun así seguimos siendo una familia”.

HIJOS ACTIVISTAS

Vizguerra dijo que sembró la semilla de activismo en sus hijos, quienes, a su corta edad, Luna de 13 años Roberto de 10 y Zuri de 6, se han convertido en su voz en marchas, protestas y conferencias.

“Ahora dicen que son mi voz. En los eventos de pro inmigrantes ellos hablan, dicen: ‘Mi madre está adentro, pero nosotros somos su voz y vamos a seguir luchando para que ella regrese a casa’”.

Dijo que también tiene una hija mayor que está protegida bajo el DACA, que está casada con un ciudadano estadounidense y tiene tres hijos.

EMPRENDEDORA

Vizguerra explica que, desde su refugio, sigue manejando el negocio de mudanzas y limpieza que, junto a su esposo, emprendió en el 2006.

“Mi esposo trabaja allá afuera y yo desde adentro, trabajamos todavía duro para que nuestros hijos tengan una vida, entre comillas, normal”, comenta.

“Trabajamos duro, incluso, tenemos una pequeña compañía en la que he dado empleos, y desde aquí sigo trabajando en eso con personas que nos ayudan”.

Explicó que también sigue organizando talleres de Conozca sus Derechos, y realiza entrenamientos de acción directa y eventos culturales porque también tiene que recaudar fondos para cubrir sus gastos legales, que considera van a ascender a 25 mil dólares.

También da a conocer que tiene una fundación.

“Mi lucha es la lucha de muchas familias, no estoy de brazos cruzados ni soy una carga para nadie porque sigo haciendo cosas aquí adentro para poder pagar mis cosas porque, a diferencia de muchos comentarios negativos que escucho, a mis hijos los sigue manteniendo su padre, ellos tienen un padre que los ama.

“Aun yo desde adentro no estoy sentada esperando a que nadie me dé nada. No pueden juzgar sin saber”, dice.

‘NO SOY UNA CARGA PARA NADIE’

Opina que muchas veces la gente juzga sin saber nada, pero que no pierde tiempo en esos comentarios negativos porque se considera una persona positiva.

“No conocen ni mi vida, ni mi entorno, con mi activismo he ayudado a tanta gente, he construido una comunidad fuerte, segura.

“Trabajo con cualquier cultura porque para mí es importante que haya inclusión, aceptación, que trabajemos juntos, las comunidades porque no importa de qué parte del mundo seamos, ya somos parte de esta comunidad”.

Informa que el 25 de marzo habrá una marcha en Denver en la que sus hijos serán parte de los oradores.

‘UNIDOS PODEMOS REMOVER A TRUMP’

Con relación a las nuevas medidas migratorias para separar a padres e hijos cuando sean arrestados cruzando ilegalmente, Vizguerra opina que el Presidente de EU pretende violar todas las reglas a nivel mundial.

“Eso es inhumano lo que está queriendo hacer de separar a las madres de los hijos que vengan. Creo que violan las reglas a nivel mundial.

“Yo creo que es tiempo de que vayamos a Las Naciones Unidas y de que en el país la gente se movilice para crear un movimiento fuerte, porque así como fue elegido, si la comunidad se une y organiza, lo podemos remover de su cargo”.

También dice que el Congreso debería bloquear las acciones ejecutivas que el Mandatario de Estados Unidos ha hecho.

“Así como bloquearon las acciones ejecutivas del Presidente Barack Obama en el pasado, el Congreso tiene que tomar un papel de ver cómo bloquear las acciones que está tomando la nueva administración porque están violando los derechos humanos de muchas personas”.